Artista, curadora y galerista, Carla Rey y el Arcano IV
Como un juego inconfesable a muchos se nos ocurre pensar que el nombre de las personas impone un destino. ¿Qué pensar de Carla Rey?, el nombre es femenino de Carlos, que viene del germano antiguo y significa “hombre fuerte”; y el apellido Rey, del latín rex, regis, y a la vez de una raíz indoeuropea reg, relacionado con las reglas. Carla Re
y es una mujer menuda marcada por la fortaleza de un nombre y un apellido, que también unifica y promueve. Ella nació conejo (según el horóscopo chino, claro) y con una temprana vocación de artista; jovencísima terminó sus estudios y se dedicó de lleno a las técnicas experimentales del grabado de la mano de las mejores maestras disponibles. Su obra fue reconocida por sus colegas, obtuvo premios y distinciones. En un momento, dejó de hacer obra a la manera tradicional (producción en el taller, muestra en la galería), su obra comenzó a nutrirse de otros, Carla le pedía objetos a sus amigos para ser fotografiados desde su peculiar mirada, “su” muestra al final se convertía en la muestra de todos. Al mismo tiempo que abrió su vientre para gestar a su primera hija Carmen comenzó su actividad de gestión cultural, esto sí se convirtió en su Opus Magnum, parafraseando a los alquimistas, ya que incluye tanto su propia obra como la de otros. Su actividad docente también es parte de ese Opus. Dar clases es un acto de generosidad, es compartir el conocimiento con los otros, Carla no lo hizo sola sino compartiendo el estrado con grandes artistas, como Juan Carlos Romero u Horacio Zabala, naves insignia del conceptualismo político en la Argentina. Ahí un rasgo de sabiduría, saber compartir el liderazgo. Pronto, sus alumnos devinieron colegas a instancias de ella y su aula-taller pasó a convertirse en algo así como una cooperativa de artistas. De ahí a la primera galería fue sólo un paso. Lejos de quitarle tiempo a su labor de gestora, el nacimiento de su segundo hijo Alvaro le dio mayor energía. Con sus alumnos-colegas creó Instantes Gráficos, un grupo de autogestión que llegó a reunir más de cien artistas y que pudieron mostrar sus obras en varias galerías y centros culturales. El paso siguiente fue encontrar un lugar para que cada uno mostrara en forma individual, así nació 1/1 caja de arte (2004) con una sede en el barrio de Palermo (colmado de negocios de diseño, ropa y galerías de arte) y otra posterior en el barrio de Devoto (periférico, arbolado y residencial, y a la vez más cercano a las raíces de Carla). En 2010 hubo una vuelta a Palermo, esta vez con el nombre de Carla Rey Arte Contemporáneo. A esta labor que podríamos llamar de “marchand” muy poco ortodoxa, se le suma otra de “curaduría”, menos ortodoxa todavía. Carla lanza un tema aglutinante y abre una convocatoria donde todas las propuestas son aceptadas (al mejor estilo del viejo Salón de los Independientes, sin jurado que acepte o rechace), se elije un formato normalizado y dentro de ese límite reina la libertad de expresión. Recordamos “Basta de mujeres”, “La suerte es loca”, “Rosa maravillosa”, “Pasional” y otras tantas. Los laureles se los lleva “Yo creo”, a mi entender la más desafiante de todas su curadurías. Entre los artistas suele haber un “deber ser” agnóstico, algo izquierdista, y anticlerical que va muy a contramano de lo que sucede en la intimidad de cada uno. El renacer de una nueva espiritualidad, más ecuménica y menos dogmática se comprueba en artistas como Anish Kapoor, Wolfgang Laib, o Alex Grey por citar unos pocos. Carla supo captar ese air du temps y convocó a todos los artistas creyentes; sabiamente no pregunta ¿en qué crees?, porque sólo los creyentes sabemos que no hace falta el objeto directo en la oración. Xul Solar, el visionario artista argentino amigo de Jorge Luis Borges, decía que las religiones son facetas de un mismo diamante. Cada uno tiene su propia y peculiar religión y los artistas también, este fue el gran hallazgo de Carla, poder capitalizar las creencias de cada uno, y afirmarlas públicamente como una especie de guerrilla girl de la fe. En el tarot el Arcano IV tiene una energía organizadora, administra los bienes, ordena el espacio y el tiempo, marca los límites, motiva y protege a sus seguidores, es quien tiene la fuerza para que los proyectos se lleven adelante. Es el Emperador, o el Rey, como Carla.