15/06/2025
Nuestro Legado: una reflexión en el Día del Padre
Cuando era chico mi papá viajaba mucho. Visitaba clientes en distintas partes de la Patagonia. Se iba al menos una vez por mes, a veces la semana completa. Cuando estaba en casa, apenas nos sentábamos a comer, alguien lo llamaba al celular. Asesoraba, daba capacitaciones, mostraba los productos y hacía las entregas. Yo veía estas cosas como segmentos separados, y no logré entender la película completa hasta que entré en la empresa: Este tipo labura un montón.
Siempre supe que iba a trabajar en el negocio familiar. Siendo el primogénito sentía que estaba destinado a hacerlo, que era mi deber. Pero cuando empecé y comprendí lo que significaba me llené de dudas. ¿Sería capaz de hacer lo mismo? ¿Podría dejar mi rutina, retrasar objetivos, ponerme a disposición de desconocidos, todo por el bien de esta empresa? ¿Este es mi propósito? ¿Estoy donde tengo que estar?
Me llevó un tiempo darme cuenta de que no tengo, necesariamente, que hacer las cosas de la misma manera. Mi padre y yo somos muy distintos. Trabajamos de forma diferente. Él basa sus decisiones en la experiencia. Yo, a falta de ella, me apoyo en estadísticas. La diferencia de principios genera roces y no siempre es fácil. Sin embargo, la idea de tener que hacerlo solo me genera una inmensa inseguridad. Este barco navegó aguas muy turbulentas, pasó por crisis financieras, corralitos, restricciones de compra, crisis cambiarias, olas inmensas de inflación, epidemias, y salió íntegro de todas porque él y mi madre estaban a la cabeza.
Trabajar con mi papá no es fácil pero no lo preferiría de otra forma. Voy a continuar disfrutándolo hasta el día que me toque sostener el timón con ambas manos.
A todos los padres, en especial al mío, les deseo un feliz día.
A todos los hijos que trabajan con sus padres, les deseo paciencia, éxito, y los saludo atentamente.
Guido Gazzola