13/08/2026
PARTE II
A partir de la publicación de Pasión Monumental acerca del campo de juego de River Plate surge este reel en el que indica que no estoy en contra del césped híbrido. Estoy en contra de que lo transformemos en una respuesta automática.
Cuando un campo de juego presenta problemas, como se plantea en la primera pregunta no debería ser:
👉Qué tecnología ponemos?
La pregunta debería ser:
👉Qué está fallando?
El híbrido puede aportar mayor estabilidad, resistencia al corte y tolerancia a cargas de uso intensas. Eso es real; pero…
✅No genera luz.
✅No evita la compactación.
✅No corrige un mal drenaje.
✅No reemplaza raíces.
✅No hace fotosíntesis.
✅No evita las consecuencias de someter durante días a un organismo vivo a condiciones desfavorables.
Por eso, si un campo de altísimo nivel tecnológico debe reconstruirse nuevamente, antes de decidir qué sistema instalar yo querría medir:
Radiación. Infiltración. Compactación. Humedad. Oxígeno. Desarrollo radicular. Granulometría. Materia orgánica. Conductividad eléctrica. pH. Uniformidad del riego. Carga real de uso. Días de cobertura.
Primero diagnóstico.
Después tecnología.
En Buenos Aires y en buena parte de la zona de transición de Latinoamérica podemos producir campos naturales extraordinarios. Eso no significa negar las ventajas del híbrido. Significa exigir que su utilización responda a una necesidad agronómica concreta y demostrable.
Porque copiar lo que hacen los grandes estadios del mundo no necesariamente significa comprender nuestro propio sistema. Y para mí ahí está la diferencia:
Mantener es aplicar una solución.
Cuidar es comprender por qué hace falta.
Qué opinás? El híbrido es una necesidad para nuestros grandes estadios o se ha convertido, en parte, en una tendencia que pocas veces cuestionamos?