14/02/2026
📊 TARIJA EN VILO: ¿DEMOCRACIA O "GUERRA DE ESCRITORIO"? TARIJA QUIERE ELEGIR EN LAS URNAS, NO EN LOS TRIBUNALES
Tarija vive horas decisivas, cargadas de tensión, expectativa y una creciente sensación de que algo más profundo que una simple contienda electoral está en juego. Lo que debería ser una competencia democrática basada en propuestas, liderazgo y conexión con la gente, hoy se ve envuelto en un clima donde las decisiones administrativas y legales comienzan a ocupar el centro del escenario. En las calles, en las redes sociales y en cada espacio de debate ciudadano, se repite una preocupación que no deja de crecer: que no sean los votos, sino otros mecanismos, los que terminen definiendo quiénes pueden participar y quiénes no.
En este contexto, el caso de Víctor Hugo Zamora, conocido como “Ojorico”, se ha convertido en uno de los símbolos más claros de este momento político. Su situación no solo ha generado debate, sino que ha despertado una fuerte reacción emocional en amplios sectores de la población, que perciben su inhabilitación como una decisión que merece ser revisada. Lejos de diluir su presencia, esta circunstancia ha fortalecido su imagen ante muchos ciudadanos, que interpretan lo ocurrido como una injusticia que debe ser corregida. Su apelación, respaldada por un extenso documento jurídico, plantea que no se valoraron adecuadamente elementos fundamentales, especialmente aquellos relacionados con su condición de refugiado, un aspecto que, según su entorno, cuenta con respaldo legal y normativo tanto a nivel nacional como internacional.
En medio de esta situación, surge un antecedente que ha comenzado a cobrar fuerza en la conversación pública. La decisión del Tribunal Electoral Departamental del Beni de restituir los derechos políticos de Yerko Núñez tras una revisión detallada de su caso ha sido interpretada como una señal de que las decisiones pueden corregirse cuando existen fundamentos suficientes. Este hecho ha abierto una puerta de eexigencia para quienes consideran que es posible garantizar la participación plena de todos los actores políticos si se prioriza el respeto a los derechos ciudadanos. Así, el nombre de Zamora comienza a estar asociado no solo a una candidatura, sino a una causa más amplia: la defensa del derecho a elegir y ser elegido.
Por otro lado, la situación de Mario Cossío ha encendido alarmas aún mayores. No se trata de un hecho aislado, sino de una serie de acciones consecutivas que han buscado su inhabilitación, generando un clima de sospecha y cuestionamiento en distintos sectores de la sociedad. El más reciente intento, impulsado por una persona con vínculos políticos evidentes, ha intensificado la percepción de que detrás de estos movimientos podrían existir intereses que van más allá de una simple observación legal. Las imágenes, los antecedentes y el contexto en el que se presenta esta acción han llevado a muchos a preguntarse si se está intentando condicionar el escenario electoral antes de que la ciudadanía pueda expresarse libremente.
Este escenario se vuelve aún más delicado cuando se observa el contexto general en el que se desarrollan estos hechos. Discursos previos que cuestionaban la legitimidad de su candidatura, campañas digitales orientadas a instalar la idea de su exclusión y una presión constante desde distintos frentes configuran un ambiente donde la disputa política parece haberse trasladado de las calles y las propuestas hacia los tribunales. Para una gran parte de la población, esto representa una señal preocupante, ya que se percibe como un intento de evitar una confrontación directa en las urnas, donde el voto ciudadano debería ser el único árbitro.
Frente a todo esto, emerge con fuerza una idea que se repite con claridad y convicción: que sea el pueblo quien decida. Más allá de simpatías políticas o afinidades personales, lo que hoy une a muchos ciudadanos es la defensa de un principio fundamental, el de una elección abierta, inclusiva y sin restricciones indebidas. La democracia, en su esencia más pura, no se construye excluyendo, sino permitiendo que todas las opciones compitan en igualdad de condiciones, para que sea la voluntad popular la que determine el resultado.
Tarija se encuentra así en un punto de inflexión, donde cada decisión tendrá un impacto que irá mucho más allá de esta elección. Lo que está en juego no es únicamente el futuro político inmediato, sino la confianza en el sistema, en las instituciones y en la idea misma de democracia. La historia reciente demuestra que cuando la gente siente que no puede elegir libremente, el costo no es solo político, sino profundamente social.
Hoy, más que nunca, la mirada está puesta en lo que suceda en los próximos días. Porque en medio de la incertidumbre, de las tensiones y de los cuestionamientos, hay una verdad que resuena con fuerza en cada rincón de Tarija: las elecciones deben definirse en las urnas, y no fuera de ellas.
— ¿Crees que todos los candidatos deberían participar sin restricciones en las elecciones?
— ¿Consideras que las inhabilitaciones fortalecen o debilitan la democracia?
— ¿Sientes que se está respetando la voluntad del pueblo en este proceso electoral?
— ¿Crees que existen intereses políticos detrás de algunas decisiones legales?
— ¿Conoces la capacidad profesional de la actual directiva del Tribunal Electoral Departamental de Tarija?
— ¿Confías en que el proceso electoral será transparente y justo?
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