Soy un tijuanense afortunado que tuvo el privilegio de egresar de la licenciatura en química industrial, por la Facultad de Ciencias Químicas e Ingeniería, de la Universidad Autónoma de Baja California en el año 2002.
Amo mi profesión, pero seré franco: la química de los libros es aburrida, pero la química de los materiales es apasionante.
Desafortunadamente, si no respetamos las reglas de los libros, en el mejor de los casos nuestras formulaciones no funcionarán y en el peor, saldremos lastimados.
No hay remedio: si esto te interesa, tienes que leer. Y leer mucho. Pero mucho.
Desde niño me intrigaban cosas, que a la vista de las personas pueden resultar triviales y hasta irrelevantes, pero que a mí me parecían extraordinariamente asombrosas. Y todavía hoy, a mis 40 años, me parece que lo son. Hablo de cosas como el jabón, el alcohol, shampoo, pasta de dientes, pegamento escolar, insecticida, pintura, tinta, perfumes, cosméticos, detergente, desmanchante, desinfectante, cloro, veneno y muchos otros productos que todos compramos en el supermercado.
Mi papá siempre estuvo en el negocio de refacciones y productos para autómoviles. Guardaba muchos productos en su cobacha. Tenía todo tipo de adhesivos, solventes, desengrasantes, resinas, aceites lubricantes, grasas, aditivos, anticongelante, ácidos y otros líquidos extraños, que “deben mantenerse fuera del alcance de los niños”. Pero yo me las ingeniaba para ver esos recipientes de cerca.
Y las etiquetas con los ingredientes me resultaban todo un misterio. Etilegn glicol. Polidimetilsiloxano. Nonilfenoletoxilado. Alcohol polivinílico. Resina colofónica maléica. Y así por el estilo. Esas palabras técnicas no venían en mi diccionario escolar, ni la enciclopedia de casa, ni en la biblioteca y el internet no existía. Recuerdo que en el cuarto grado de educación primaria le pregunté a mi profesora sobre este asunto, pero no dijo nada. De todas maneras, sus ojos me revelaron que no tenía la menor idea.
Comprar productos y consumirlos directo de un recipiente, es un privilegio. Es justo lo que hace que nuestras vidas meta-modernas, sean lo que son. Y yo no encontraba respuestas.
Uno de los productos que más me interesaban, eran los refrescos. En mi Tijuana natal le decimos “soda”. Nada sabía yo de lo perjudiciales que son las bebidas carbonatadas-azucaradas. Cuando eres niño eso no te importa. A todos los pequeños y mayoría de adultos les encanta. Es un producto seductor. Pero en ese tiempo, más que disfrutar del sabor y experiencia en mi lengua y paladar, yo quería saber cómo se hacía. Mi razonamiento era: “si yo hago mi propia soda, podré beber toda la que yo quiera sin pedir dinero ni permiso a mamá ni papá”.
Quería ser libre.
Y para un niño, una fábrica es un lugar fascinante. En poco tiempo me di cuenta de que todo ese refresco salía de fábricas enormes y que allí, había unas personas que trabajaban en unos cuartos blancos llamados “laboratorios” y ellos eran “científicos”. Y ellos hacían océanos enteros de refresco.
Yo quería hacer justo eso. Y me obsesioné. Por eso estudiaría ciencias químicas y formularía productos. Y lo hice.
Mi gran sorpresa fue que durante todos mis estudios profesionales, nunca se habló de tecnología de formulación. Se habló de síntesis, análisis y teoría porque esas son las bases en el aprendizaje de la disciplina química. Pero nunca se habló de aplicaciones prácticas traducidas en productos para el mercado de consumo. Se me explicó que todo eso vendría después, en el trabajo profesional. Porque resulta que formular productos para el consumo, es una especialidad que se aprende fuera del campus.
Con el paso de los años me olvidé de mi soda. Y entendí que existen miles de situaciones de verdadera importancia, en donde existen personas que utilizan productos químicos en sus labores y necesitan ayuda, orientación y asesoría para que puedan hacer el mejor trabajo posible.
Trabajar con materiales químicos y resolver problemas específicos es sencillo, cuando tenemos información correcta. Y esa información se obtiene con educación.
Y este espacio de eso se trata: de ofrecerles a las personas información, datos, tips y lo que yo más pueda para que su trabajo con materiales químicos resulte tan inteligente y eficaz, como sea posible.
Yo no comparto artículos tomados del internet.
Yo lo que hago, es averiguar datos relevantes en el campo de la tecnología de formulación, consultados en libros y manuales de tecnología química industrial. Mis fuentes son los artículos científicos, manuales y textos publicados por autores de prestigio, en sus respectivas industrias.
Lo que aquí vas a encontrar son aportaciones en química de formulación, en la forma de ideas nuevas y antiguas, la fuente bibliográfica y mi óptica personal. Acepto retroalimentación.
Y como también tengo que ganarme la vida para sustentar a mi familia, siéntete en la plena libertad de contactarme para que contrates mis servicios profesionales en consultoría de selección, uso y manejo de ingredientes para el diseño y consumo de formulaciones químicas especializadas.
Si en tu organización existe alguna o algunas circunstancias no resueltas, que involucren el consumo de productos en la forma de formulaciones químicas y requieras resolverlas, o tienes interés en desarrollar tu propia formulación original para un producto de consumo de creación propia, estoy a tus órdenes.
TJ Alkem es mi marca.
Mis datos de contacto son:
Q. I. Víctor Soto Del Toro
Ced. Prof. 4405730
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