10/06/2019
Obtener buena información técnica.
Es habitual que, en el momento de elegir un material o un producto de la construcción, o al tener que trabajarlos o colocarlos, uno consulte al respecto a personas cercanas que considera que saben sobre el tema, o a gremios de obra, o a un comerciante del ramo, o al departamento técnico de la empresa productora o comercializadora.
¿Se recibe buena información?
Muchas veces sí, pero sucede con demasiada frecuencia que los datos obtenidos resultan difusos, imprecisos o equivocados, o que se presentan grandes diferencias o contradicciones entre informaciones obtenidas de distintas fuentes.
Obtener datos técnicos rigurosos e indudables es, entonces, una tarea difícil y de final incierto.
Arquitectos de construcción, innumerables veces han consultado a departamentos técnicos de empresas fabricantes de productos que les interesaban, en la mayoría de los casos reciben buena información oral, pero algunas experiencias les han enseñado a ser cuidadosos. Puede suceder, por ejemplo, que al hacer una pregunta a dos técnicos de una misma empresa pueda recibir de cada uno distinta respuesta o que, no estando alguno de los técnicos más capacitados, una persona poco preparada le informase erróneamente. Y no es infrecuente que quien puede informar bien esté demasiado ocupado.
DADO QUE UNA MALA INFORMACIÓN TÉCNICA PUEDE TENER CONSECUENCIAS MUY SERIAS, ES CONVENIENTE TANTO QUIEN INFORMA COMO QUIENES SON INFORMADOS TENGAN PRESENTE LA NECESIDAD DE SER CUIDADOSO, DE MANEJAR LOS DATOS CON RIGOR, Y DE ASEGURARSE QUE LA INFORMACIÓN SEA CORRECTA.
¿Información oral o escrita?
La información escrita da más garantía de verosimilitud que la oral porque plantea más responsabilidades a quien informa: como se suele decir, “a las palabras se las lleva el viento”, ya que luego pueden ser negadas por quien las
dijo o, si surge algún problema por información mal dada, alegar error de comprensión de quien consultó.
La información escrita sobre todo la impresa, exige a quien informa que lo que en ellas se diga sea veraz y preciso, pues sería documentación legalmente válida para todo reclamo de compensación que deseara efectuar quien tenga algún inconveniente como consecuencias de datos insuficientes, inexactos o erróneos contenidos en ese material informativo.
Si bien a veces no es fácil conseguir que la información sea por escrito o impresa conviene insistir pues, además de evitarse malentendidos en el momento de su transmisión, quien la recibe tiene la posibilidad de recuperarla o trasladarla a otros en cualquier momento, incluso pasado mucho tiempo, con la seguridad de no haber modificado ni olvidado nada.
En cuanto a los departamentos técnicos de las empresas, el uso de información impresa rigurosa y detallada (informes técnicos e instructivos desarrollados para uso interno y/o divulgación) crea una base indudable de objetividad común a todas las personas que los integran, por encima de sus criterios, capacidades y modalidades personales.
¿Quiénes pueden llevar al error?
QUIEN NO SABE QUE INFORMA MAL:
La información errónea puede ser dada por una persona en quien se confía, sincera y bien dispuesta, que está transmitiendo algo inexacto que escucho y que dio por cierto (incluso uno mismo puede, sin saberlo, informar mal). Este tipo de transmisión oral equivocada se liga también a las deformaciones que todo mensaje sufre al pasar de persona a persona.
Si quien informa no tiene una mente ordenada, auto-crítica y/o rigor técnico, es posible llegar a escuchar cosas muy absurdas, ya que hay gente que afirma con seguridad de conocer algo que se le ocurre en el momento, o que supone que podría ser de cierta manera, o saca conclusiones equivocadas uniendo cabos sueltos e ignorando datos importantes.
QUIEN SE AUTO-ENGAÑA:
Lamentablemente suele suceder que, por afán o necesidad de vender, alguien no quiera ver los defectos del producto o su inadecuación para el caso específico por el cual es consultado, o que se haga trampa a sí mismo y a quien consulta ilusionándose con que la suerte va a estar de su lado y no se darán las circunstancias que evidencien el problema.
También están quienes, por apuro, o para ocultar su ignorancia, o porque no les conviene tocar el tema, quedan bien ante sí mismos quitándole importancia a la pregunta o desvalorizándola:
•No va a tener problema.
•No se preocupe por eso.
•No tiene importancia.
•Nunca tuvimos reclamos por una cosa así.
•¡Qué pregunta rara!
•Menos averigua Dios…
QUIEN DECIDE ENGAÑAR:
Como en tantas otras situaciones, también la industria de la construcción suele darse, por decisión empresaria o por actitud individual, para ganar mercados o para asegurarse ciertas ventas, políticas comerciales tramposas que a veces lindan con la estafa, y que pueden incluir presentación de un producto con datos técnicos “acomodados” o falsos.
PERSONAS INESCRUPULOSAS:
El engaño no suele ser una práctica empresarial sino más bien una modalidad individual de venta de personajes inescrupulosos que, con la ideología mezquina e inmoral del “sálvese quien pueda” y de “la caridad bien entendida comienza por casa”, son capaces de afirmar de palabra las falsedades que necesiten para vender y obtener su comisión o su ganancia.
QUIENES OCULTAN INFORMACIÓN:
Una de las modalidades es esconder y negar información que se tiene pero que es adversa para el producto. Lamentablemente los laboratorios serios de análisis de materiales que son contratados para hacer los ensayos
deben guardar secreto profesional y no hacer públicos los resultados, informándolos exclusivamente a quien encargó los análisis.
QUIEN BUSCA CONFUNDIR:
Se puede confundir citando certificaciones reales, pero sin valor para el usuario del producto (por ejemplo, incorporando un sello IRAM que no es el que corresponde al cumplimiento de normas específicas o de interés para el caso), o sugiriendo como exclusiva de un producto alguna característica que también tienen otros, o presentando datos incompletos.
ALGUNAS SUGERENCIAS
Al consultar al departamento técnico de la empresa responsable:
*Tener claro qué uso se le dará al producto y en qué situación y contexto, y confirmar que sea adecuado para ello.
*Tener claro qué se quiere saber sobre el producto, e insistir hasta averiguarlo (se tiene derecho a saberlo).
*Preferir a la información escrita a la oral.
HACER PRUEBAS SIMPLES
Para algunos productos hay pruebas elementales que uno mismo puede hacer con una muestra, medios muy elementales, y un poco de cuidado, p.ej.;
*Si se rayan.
*Si se manchan.
*Si se flexionan.
*Si resiste golpes y/o determinadas cargas.
*Si son impermeables.
*Si son combustibles.
*Si son resistentes a determinados productos químicos.
Aquí damos fin al capítulo 1 A.
Próxima publicación 17 de junio:
Tema: "La elección de la estructura".
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