15/05/2025
En los últimos años, el gin argentino dejó de imitar fórmulas externas para empezó a tomar otro nivel
Mi forma de hacer gin nace de esa misma filosofía. Trabajo en pequeños lotes, cuidando cada etapa del proceso, desde la selección de los botánicos hasta la destilación final. Lo que más me identifica es el uso de ingredientes que representan distintos paisajes de nuestro país. En cada botella conviven botánicos del norte —como cáscaras de cítricos, pimienta rosa, entre otros— con hierbas frescas, resinosas y más secas que provienen del sur argentino.
Esa mezcla de regiones no es casual: busco que el gin que produzco sea una síntesis de lo diverso que es Argentina, tanto en su naturaleza como en su cultura. No se trata solo de combinar sabores, sino de construir una identidad sensorial que hable del territorio.
Destilar en Argentina hoy es también una forma de apostar por la producción nacional, por los emprendimientos que nacen desde abajo y que creen en el valor de lo propio. En mi caso, cada botella es un pequeño homenaje al saber hacer, a la historia familiar que me impulsó a comenzar, y al potencial enorme que tiene este país para crear productos de calidad, con alma y con una historia detrás.