02/05/2026
No es fácil entender cuando la vida parece interrumpirse, cuando los planes quedan a medias y el corazón pregunta…
“¿por qué?”
Pero la fé, esa que no ignora el dolor sino que lo abraza, nos recuerda que la muerte no es el final, sino un paso misterioso hacia la plenitud…
Porque quien ha amado o a quién hemos amado, no desaparece nunca de nuestras vidas…
Quien ha sembrado bondad, permanece.
Quien ha dejado huella en las almas que tocó,
vive más allá del tiempo, en una dimensión que no se mide en años, sino en eternidad.
Hoy no despedimos a Miguelito… lo confiamos y desde nuestra forma de pensar, de sentir… Lo entregamos al Dios de la vida, al mismo que conoce cada lágrima y recoge cada historia para redimirla en su amor.
Que su memoria no sea solo tristeza, sino semilla, semilla de unidad, de fé, de conciencia de lo frágil y lo valioso que es vivir
Y a sus hijos les digo…
tu papá no se fue, cambió de forma de estar contigo, ahora vive en lo que cada uno de ustedes son, en lo que harás, vivirás y en el amor que nunca, nunca, pero nunca te faltará.
Descansa en la paz de Dios, Miguelito.
La vida no termina…, se transforma.
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