22/02/2026
¿Sabías que una fibra microscópica puede permanecer en tus pulmones durante décadas y convertirse en una enfermedad mortal?
El asbesto no es un problema del pasado. Aunque su uso está prohibido en Colombia desde 2019, millones de metros cuadrados de materiales instalados antes de esa fecha siguen presentes en viviendas, colegios, hospitales, industrias e infraestructuras. Y el riesgo aparece cuando esos materiales se deterioran, se rompen o se manipulan sin control.
Las principales enfermedades asociadas a la inhalación de fibras de asbesto son tres: mesotelioma, cáncer de pulmón y asbestosis.
El mesotelioma es un cáncer agresivo que afecta la membrana que recubre los pulmones y otros órganos. Tiene un largo período de latencia: pueden pasar 20, 30 o incluso 40 años desde la exposición hasta el diagnóstico. Cuando se detecta, muchas veces ya está en etapas avanzadas.
El cáncer de pulmón relacionado con asbesto aumenta significativamente en personas expuestas de forma ocupacional o ambiental, y el riesgo se multiplica en fumadores. No es solo una estadística: es el resultado acumulado de años de exposición silenciosa.
La asbestosis, por su parte, es una enfermedad pulmonar crónica causada por la cicatrización del tejido pulmonar. Produce dificultad respiratoria progresiva y deterioro permanente de la función pulmonar.
El enemigo no es visible. No tiene olor. No genera síntomas inmediatos. Por eso se subestima.
El verdadero problema no es solo la existencia del asbesto, sino la falta de identificación, diagnóstico temprano y gestión técnica adecuada de los materiales que lo contienen. Cada demolición informal, cada remodelación sin evaluación previa, cada tanque, teja o tubería intervenida sin protocolo puede liberar fibras al aire.
Hablar de asbesto no es alarmismo. Es prevención basada en evidencia.
En Gestam creemos que la información técnica debe convertirse en acción. Identificar materiales, evaluar el riesgo, realizar monitoreo ambiental y acompañar procesos de gestión segura no es un lujo: es una responsabilidad con las personas y las comunidades.
La exposición al asbesto no es un riesgo del pasado. Es un riesgo mal gestionado.