29/07/2026
En las investigaciones biomédicas, obtener un nuevo fármaco lleva muchos años de investigación. El proyecto CIGB-814 (Jusvinza) comenzó a inicios de los 2000, fue aprobado en el Consejo Científico del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), y luego se trabajó en el diseño de la molécula, en las evaluaciones preclínicas en sistemas experimentales in vitro y posteriormente en biomodelos experimentales, donde se demostró el concepto.
Se evidenció que el fármaco tenía efectos terapéuticos en enfermedades autoinmunitarias, por cuanto regula la respuesta inflamatoria: controla la inflamación, pero sin inducir inmunosupresión.
Después se hicieron otros estudios muy importantes, como los de toxicología, donde se demostró la seguridad del fármaco.
Tras demostrar que Jusvinza revelaba resultados positivos, se inició el desarrollo de las formulaciones para ser probadas en pacientes.
Después se realizaron los ensayos clínicos fase 1 en donde demostramos la seguridad de .
Y ya acumulamos un conjunto de evidencias preliminares de su efecto terapéutico.
A partir de esos resultados pasamos a las investigaciones clínicas fase 2 y, durante su ejecución, surgió la COVID-19 en el mundo y se propagó a Cuba.
En ese momento, una de las alternativas que se utilizó para el tratamiento de la hiperinflamación de los pacientes en estadios graves y críticos por COVID-19, fue Jusvinza. En aquel entonces, nuestro pueblo lo conoció con el código CIGB-258.
Los resultados fueron positivos, y se incorporó el medicamento al protocolo cubano de tratamiento de la COVID-19, lo cual contribuyó a reducir la mortalidad de estos pacientes, antes de contar con las vacunas cubanas propias.
También Jusvinza se utilizó para el tratamiento a embarazadas, puérperas y niños que sufrieron formas muy graves de la COVID-19; y los resultados fueron positivos y satisfactorios.
Seguimos acumulando evidencias científicas en cuanto al mecanismo de acción de esta molécula.