04/03/2026
Un fuerte chasquido eléctrico iluminó un laboratorio en Alemania a finales de la década de 1880. En aquel experimento, un hombre amantes de la física, había logrado cruzar por el aire vacío ondas electromagnéticas.
Si nombre era Heinrich Rudolf Hertz, quien acababa de descubrir un principio en la electricidad que cambió el futuro se la tecnología moderna.
En la década de 1860, el físico James Clerk Maxwell había formulado un conjunto de ecuaciones que unificaban la electricidad y el magnetismo, demostrando escrito en papel, que la luz era una onda electromagnética capaz de propagarse por el espacio.
Para aquel entonces, la comunidad científica lo catálogo como algo falso por la falta de evidencia que probara que estas ondas podían generarse y detectarse artificialmente.
Entre 1886 y 1889, Hertz fascinado por la física, construyó un dispositivo simple. Se trataba de un "oscilador" que generaba una chispa eléctrica de alto voltaje, y al otro lado de la habitación, un anillo de alambre con una pequeñísima separación en el medio.
Hertz encendió el emisor y una chispa azulada se generó con un chasquido, de repente, al otro lado del laboratorio, un anillo de alambre receptor, saltó otra chispa.
No había cables. No había conexión física. La energía había cruzado el aire vacío en forma de ondas electromagnéticas, y Hertz no solo las detectó, también las hizo rebotar en espejos de metal y las desvió, demostrando que se comportaban exactamente igual que la luz, tal como Maxwell había predicho.
Hertz no patentó su diseño ni intentó desarrollar aplicaciones comerciales, considerando que el único valor de su trabajo era la validación de las ecuaciones de Maxwell.
Irónicamente, cuando le preguntaron a Hertz sobre la importancia de su descubrimiento, respondió:
- "No tiene ninguna utilidad... es solo un experimento que demuestra que el maestro Maxwell tenía razón".
Hertz no vivió para ver en qué se transformaría su chispa. Sin embargo, dejó la puerta abierta para dar ese gran salto de hacer que la electricidad viajará sin cables. Esta base fue fundamental para construir la tecnología del siglo XX y el XXI: la radio, la televisión, el radar, las comunicaciones espaciales, el Wi-Fi desde el que estás leyendo esto y el Bluetooth de tus audífonos.
Todo nació en ese laboratorio.
Hoy, cada vez que sintonizas una emisora o mides la velocidad de tu procesador, pronuncias su nombre: Hertz (Hz), que equivale a una de esas ondas invisibles latiendo una vez por segundo.
Escribí este artículo basado en American Physical Society (APS): This Month in Physics History: November 1886: Heinrich Hertz Detects Electromagnetic Waves.