IGLESIA(BASILICA) DE SAN FRANCISCO DE QUITO

IGLESIA(BASILICA) DE SAN FRANCISCO DE QUITO Construida desde 1536, la Basilica de San Francisco de Quito es el mayor centro de fe, arte y cultura que posee el Ecuador.

02/08/2018
26/02/2018
25/03/2016

ESTIMADOS HERMANOS:
EN POCOS MINUTOS SALE YA, A RECORRER LAS CALLES DEL CENTRO HISTÓRICO DE QUITO, EL SEÑOR DE LOS SEÑORES... JESÚS DEL GRAN PODER!!!

ACOMPAÑÉMOSLE CON NUESTRA FE, CON NUESTRA PLEGARIA, CON NUESTRO AMOR...

LES ENTREGAMOS EL TEXTO DEL

VIA CRUCIS

QUE REZAREMOS EN ESTA PROCESIÓN PENITENCIAL DE VIERNES SANTO, EN ESTE AÑO DE LA MISERICORDIA, 2016.

VIA CRUCIS

INICIO:
En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Monición:
Nosotros, cristianos, somos conscientes de que el vía crucis del Hijo de Dios no fue simplemente el camino hacia el lugar del suplicio. Creemos que cada paso del Condenado, cada gesto o palabra suya, así como lo que vieron e hicieron todos aquellos que tomaron parte en este drama, nos hablan continuamente. En su pasión y en su muerte, Cristo nos revela también la verdad sobre Dios y sobre el hombre.

Hoy queremos reflexionar con particular intensidad sobre el contenido de aquellos acontecimientos, para que nos hablen con renovado vigor a la mente y al corazón, y sean así origen de la gracia de una auténtica participación. Participar significa tener parte. Y ¿qué quiere decir tener parte en la cruz de Cristo? Quiere decir experimentar en el Espíritu Santo el amor que esconde tras de sí la cruz de Cristo. Quiere decir reconocer, a la luz de este amor, la propia cruz. Quiere decir cargarla sobre la propia espalda y, movidos cada vez más por este amor, caminar... Caminar a través de la vida, imitando a Aquel que «soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios» (Hbr 12, 2).

Oremos:
Señor Jesucristo, colma nuestros corazones con la luz de tu Espíritu Santo, para que, siguiéndote en tu último camino, sepamos cuál es el precio de nuestra redención y seamos dignos de participar en los frutos de tu pasión, muerte y resurrección. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Estación
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

«Reo es de muerte», dijeron de Jesús los miembros del Sanedrín, y, como no podían ejecutar a nadie, lo llevaron de la casa de Caifás al Pretorio. Pilato no encontraba razones para condenar a Jesús, e incluso trató de liberarlo, pero, ante la presión amenazante del pueblo instigado por sus jefes: «¡Crucifícalo, crucifícalo!», «Si sueltas a ése, no eres amigo del César», pronunció la sentencia que le reclamaban y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado.
San Juan el evangelista nos dice que, pocas horas después, junto a la cruz de Jesús estaba María su madre. Y hemos de suponer que también estuvo muy cerca de su Hijo a lo largo de todo el Vía crucis.

Cuántos temas para la reflexión nos ofrecen los padecimientos soportados por Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta su condena a muerte: abandono de los suyos, negación de Pedro, flagelación, corona de espinas, vejaciones y desprecios sin medida. Y todo por amor a nosotros, por nuestra conversión y salvación.

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Segunda Estación
JESÚS CARGA CON LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Condenado muerte, Jesús quedó en manos de los soldados del procurador, que lo llevaron consigo al pretorio y, reunida la tropa, hicieron mofa de él. Llegada la hora, le quitaron el manto de púrpura con que lo habían vestido para la burla, le pusieron de nuevo sus ropas, le cargaron la cruz en que había de morir y salieron camino del Calvario para allí crucificarlo.

El peso de la cruz es excesivo para las mermadas fuerzas de Jesús, convertido en espectáculo de la chusma y de sus enemigos. No obstante, se abraza a su patíbulo deseoso de cumplir hasta el final la voluntad del Padre: que cargando sobre sí el pecado, las debilidades y flaquezas de todos, los redima. Nosotros, a la vez que contemplamos a Cristo cargado con la cruz, oigamos su voz que nos dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame».

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Tercera Estación
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Nuestro Salvador, agotadas las fuerzas por la sangre perdida en la flagelación, debilitado por la acerbidad de los sufrimientos físicos y morales que le infligieron aquella noche, en ayunas y sin haber dormido, apenas pudo dar algunos pasos y pronto cayó bajo el peso de la cruz. Se sucedieron los golpes e imprecaciones de los soldados, las risas y expectación del público. Jesús, con toda la fuerza de su voluntad y a empellones, logró levantarse para seguir su camino.

Isaías había profetizado de Jesús: «Eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba. Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros». El peso de la cruz nos hace tomar conciencia del peso de nuestros pecados, infidelidades, ingratitudes..., de cuanto está figurado en ese madero. Por otra parte, Jesús, que nos invita a cargar con nuestra cruz y seguirle, nos enseña aquí que también nosotros podemos caer, y que hemos de comprender a los que caen; ninguno debe quedar postrado; todos hemos de levantarnos con humildad y confianza buscando su ayuda y perdón.

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Cuarta Estación
JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
En su camino hacia el Calvario, Jesús va envuelto por una multitud de soldados, jefes judíos, pueblo, gentes de buenos sentimientos... También se encuentra allí María, que no aparta la vista de su Hijo, quien, a su vez, la ha entrevisto en la muchedumbre. Pero llega un momento en que sus miradas se encuentran, la de la Madre que ve al Hijo destrozado, la de Jesús que ve a María triste y afligida, y en cada uno de ellos el dolor se hace mayor al contemplar el dolor del otro, a la vez que ambos se sienten consolados y confortados por el amor y la compasión que se transmiten.

Nos es fácil adivinar lo que padecerían Jesús y María pensando en lo que toda buena madre y todo buen hijo sufrirían en semejantes circunstancias. Esta es sin duda una de las escenas más patéticas del Vía crucis, porque aquí se añaden, al cúmulo de motivos de dolor ya presentes, la aflicción de los afectos compartidos de una madre y un hijo. María acompaña a Jesús en su sacrificio y va asumiendo su misión de corredentora.
Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Quinta Estación
JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús salió del pretorio llevando a cuestas su cruz, camino del Calvario; pero su primera caída puso de manifiesto el agotamiento del reo. Temerosos los soldados de que la víctima sucumbiese antes de hora, pensaron en buscarle un sustituto. Entonces el centurión obligó a un tal Simón de Cirene, que venía del campo y pasaba por allí, a que tomara la cruz sobre sus hombros y la llevara detrás de Jesús. Tal vez Simón tomó la cruz de mala gana y a la fuerza, pero luego, movido por el ejemplo de Cristo y tocado por la gracia, la abrazó con resignación y amor y fue para él y sus hijos el origen de su conversión.
El Cireneo ha venido a ser como la imagen viviente de los discípulos de Jesús, que toman su cruz y le siguen. Además, el ejemplo de Simón nos invita a llevar los unos las cargas de los otros, como enseña San Pablo. En los que más sufren hemos de ver a Cristo cargado con la cruz que requiere nuestra ayuda amorosa y desinteresada.

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Sexta Estación
LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Dice el profeta Isaías: «No tenía apariencia ni presencia; lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuenta». Es la descripción profética de la figura de Jesús camino del Calvario, con el rostro desfigurado por el sufrimiento, la sangre, los salivazos, el polvo, el sudor... Entonces, una mujer del pueblo, Verónica de nombre, se abrió paso entre la muchedumbre llevando un lienzo con el que limpió piadosamente el rostro de Jesús. El Señor, como respuesta de gratitud, le dejó grabada en él su Santa Faz.

Una letrilla tradicional de esta sexta estación nos dice: «Imita la compasión / de Verónica y su manto / si de Cristo el rostro santo / quieres en tu corazón». Nosotros podemos repetir hoy el gesto de la Verónica en el rostro de Cristo que se nos hace presente en tantos hermanos nuestros que comparten de diversas maneras la pasión del Señor, quien nos recuerda: «Lo que hagáis con uno de estos, mis pequeños, conmigo lo hacéis».

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Séptima Estación
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús había tomado de nuevo la cruz y con ella a cuestas llegó a la cima de la empinada calle que daba a una de las puertas de la ciudad. Allí, extenuado, sin fuerzas, cayó por segunda vez bajo el peso de la cruz. Faltaba poco para llegar al sitio en que tenía que ser crucificado, y Jesús, empeñado en llevar a cabo hasta la meta los planes de Dios, aún logró reunir fuerzas, levantarse y proseguir su camino.

Nada tiene de extraño que Jesús cayera si se tiene en cuenta cómo había sido castigado desde la noche anterior, y cómo se encontraba en aquel momento. Pero, al mismo tiempo, este paso nos muestra lo frágil que es la condición humana, aun cuando la aliente el mejor espíritu, y que no han de desmoralizarnos las flaquezas ni las caídas cuando seguimos a Cristo cargados con nuestra cruz. Jesús, por los suelos una vez más, no se siente derrotado ni abandona su cometido. Para Él no es tan grave el caer como el no levantarnos. Y pensemos cuántas son las personas que se sienten derrotadas y sin ánimos para reemprender el seguimiento de Cristo, y que la ayuda de una mano amiga podría sacarlas de su postración.

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Octava Estación
JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Dice el evangelista San Lucas que a Jesús, camino del Calvario, lo seguía una gran multitud del pueblo; y unas mujeres se dolían y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose a ellas les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos»; añadiéndoles, en figuras, que si la ira de Dios se ensañaba como veían con el Justo, ya podían pensar cómo lo haría con los culpables.

Mientras muchos espectadores se divierten y lanzan insultos contra Jesús, no faltan algunas mujeres que, desafiando las leyes que lo prohibían, tienen el valor de llorar y lamentar la suerte del divino Condenado. Jesús, sin duda, agradeció los buenos sentimientos de aquellas mujeres, y movido del amor a las mismas quiso orientar la nobleza de sus corazones hacia lo más necesario y urgente: la conversión suya y la de sus hijos. Jesús nos enseña a establecer la escala de los valores divinos en nuestra vida y nos da una lección sobre el santo temor de Dios.

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Novena Estación
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Una vez llegado al Calvario, en la cercanía inmediata del punto en que iba a ser crucificado, Jesús cayó por tercera vez, exhausto y sin arrestos ya para levantarse. Las condiciones en que venía y la continua subida lo habían dejado sin aliento. Había mantenido su decisión de secundar los planes de Dios, a los que servían los planes de los hombres, y así había alcanzado, aunque con un total agotamiento, los pies del altar en que había de ser inmolado.

Jesús agota sus facultades físicas y psíquicas en el cumplimiento de la voluntad del Padre, hasta llegar a la meta y desplomarse. Nos enseña que hemos de seguirle con la cruz a cuestas por más caídas que se produzcan y hasta entregarnos en las manos del Padre vacíos de nosotros mismos y dispuestos a beber el cáliz que también nosotros hemos de beber. Por otra parte, la escena nos invita a recapacitar sobre el peso y la gravedad de los pecados, que hundieron a Cristo.

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Décima Estación
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Ya en el Calvario y antes de crucificar a Jesús, le dieron a beber vino mezclado con mirra; era una piadosa costumbre de los judíos para amortiguar la sensibilidad del que iba a ser ajusticiado. Jesús lo probo, como gesto de cortesía, pero no quiso beberlo; prefería mantener la plena lucidez y conciencia en los momentos supremos de su sacrificio. Por otra parte, los soldados despojaron a Jesús, sin cuidado ni delicadeza alguna, de sus ropas, incluidas las que estaban pegadas en la carne viva, y, después de la crucifixión, se las repartieron.

Para Jesús fue sin duda muy doloroso ser así despojado de sus propios vestidos y ver a qué manos iban a parar. Y especialmente para su Madre, allí presente, hubo de ser en extremo triste verse privada de aquellas prendas, tal vez labradas por sus manos con maternal solicitud, y que ella habría guardado como recuerdo del Hijo querido.

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Décimo Primera Estación
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

«Y lo crucificaron», dicen escuetamente los evangelistas. Había llegado el momento terrible de la crucifixión, y Jesús fue fijado en la cruz con cuatro clavos de hierro que le taladraban las manos y los pies. Levantaron la cruz en alto y el cuerpo de Cristo quedó entre cielo y tierra, pendiente de los clavos y apoyado en un saliente que había a mitad del palo vertical. En la parte superior de este palo, encima de la cabeza de Jesús, pusieron el título o causa de la condenación: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

El suplicio de la cruz, además de ser infame, propio de esclavos criminales o de insignes facinerosos, era extremadamente doloroso, como apenas podemos imaginar. El espectáculo mueve a compasión a cualquiera que lo contemple y sea capaz de nobles sentimientos. Pero siempre ha sido difícil entender la locura de la cruz, necedad para el mundo y salvación para el cristiano. La liturgia canta la paradoja: «¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza / con un peso tan dulce en su corteza!».

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Décimo Segunda Estación
JESÚS MUERE EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Desde la crucifixión hasta la muerte transcurrieron tres largas horas que fueron de mortal agonía para Jesús y de altísimas enseñanzas para nosotros. Desde el principio, muchos de los presentes, incluidas las autoridades religiosas, se desataron en ultrajes y escarnios contra el Crucificado. Poco después ocurrió el episodio del buen ladrón, a quien dijo Jesús: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». San Juan nos refiere otro episodio emocionante por demás: Viendo Jesús a su Madre junto a la cruz y con ella a Juan, dice a su Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»; y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Después de esto, nos dice el mismo evangelista, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed». Tomó el vinagre que le acercaron, y añadió: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

A los motivos de meditación que nos ofrece la contemplación de Cristo agonizante en la cruz, lo que hizo y dijo, se añaden los que nos brinda la presencia de María, en la que tendrían un eco muy particular los sufrimientos y la muerte del hijo de sus entrañas.

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Décimo Tercera Estación
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Para que los cadáveres no quedaran en la cruz al día siguiente, que era un sábado muy solemne para los judíos, éstos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran; los soldados sólo quebraron las piernas de los otros dos, y a Jesús, que ya había mu**to, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza. Después, José de Arimatea y Nicodemo, discípulos de Jesús, obtenido el permiso de Pilato y ayudados por sus criados o por otros discípulos del Maestro, se acercaron a la cruz, desclavaron cuidadosa y reverentemente los clavos de las manos y los pies y con todo miramiento lo descolgaron. Al pie de la cruz estaba la Madre, que recibió en sus brazos y puso en su regazo maternal el cuerpo sin vida de su Hijo.

Escena conmovedora, imagen de amor y de dolor, expresión de la piedad y ternura de una Madre que contempla, siente y llora las llegas de su Hijo martirizado. Una lanza había atravesado el costado de Cristo, y la espada que anunciara Simeón acabó de atravesar el alma de la María.
Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Décimo cuarta Estación
JESÚS ES SEPULTADO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

José de Arimatea y Nicodemo tomaron luego el cuerpo de Jesús de los brazos de María y lo envolvieron en una sábana limpia que José había comprado. Cerca de allí tenía José un sepulcro nuevo que había cavado para sí mismo, y en él enterraron a Jesús. Mientras los varones procedían a la sepultura de Cristo, las santas mujeres que solían acompañarlo, y sin duda su Madre, estaban sentadas frente al sepulcro y observaban dónde y cómo quedaba colocado el cuerpo. Después, hicieron rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro, y regresaron todos a Jerusalén.

Con la sepultura de Jesús el corazón de su Madre quedaba sumido en tinieblas de tristeza y soledad. Pero en medio de esas tinieblas brillaba la esperanza cierta de que su Hijo resucitaría, como Él mismo había dicho. En todas las situaciones humanas que se asemejen al paso que ahora contemplamos, la fe en la resurrección es el consuelo más firme y profundo que podemos tener. Cristo ha convertido en lugar de mera transición la muerte y el sepulcro, y cuanto simbolizan.

Señor, pequé contra ti, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración Final:
Señor Jesucristo, tú nos has concedido acompañarte, con María tu Madre, en los misterios de tu pasión, muerte y sepultura, para que te acompañemos también en tu resurrección; concédenos caminar contigo por los nuevos caminos del amor y de la paz que nos has enseñado. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

12/02/2016

Estimados Hermanos en el Señor.
Comenzamos este viernes el rezo del santo Via crucis.
Luego de la Celebración eucarística de la 6pm, en el claustro principal de nuestro Convento de San Francisco de Quito.

PARA QUE UD. PARTICIPE DE ESTE ACTO PIADOSO LE COMPARTIMOS EL TEXTO DE ESTE DIA:

VIA CRUCIS

PRIMERA ESTACION
Jesús es sentenciado a muerte

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Sentenciado y no por un tribunal, sino por todos. Condenado por los mismos que le habían aclamado poco antes. Y El calla... Nosotros huimos de ser reprochados. Y saltamos inmediatamente...

Dame, Señor, imitarte, uniéndome a Ti por el Silencio cuando alguien me haga sufrir. Yo lo merezco. ¡Ayúdame!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

SEGUNDA ESTACION
Jesús cargado con la cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Que yo comprenda, Señor, el valor de la cruz, de mis pequeñas cruces de cada día, de mis achaques, de mis dolencias, de mi soledad.

Dame convertir en ofrenda amorosa, en reparación por mi vida y en apostolado por mis hermanos, mi cruz de cada día.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

TERCERA ESTACION
Jesús cae, por primera vez, bajo el paso de la cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Tú caes, Señor, para redimirme. Para ayudarme a levantarme en mis caídas diarias, cuando después de haberme propuesto ser fiel, vuelvo a reincidir en mis defectos cotidianos. ¡Ayúdame a levantarme siempre y a seguir mi camino hacia Ti!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

CUARTA ESTACION
Jesús se encuentra con la Stma. Virgen

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Haz Señor, que me encuentre al lado de tu Madre en todos los momentos de mi vida.

Con ella, apoyándome en su cariño maternal, tengo la seguridad de llegar a Ti en el último día de mi existencia. ¡Ayúdame Madre!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

QUINTA ESTACION
El Cirineo ayuda al Señor a llevar la Cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Cada uno de nosotros tenemos nuestra vocación, hemos venido al mundo para algo concreto, para realizarnos de una manera particular.

¿Cuál es la mía y cómo la llevo a cabo? Pero hay algo, Señor, que es misión mía y de todos: la de ser Cirineo de los demás, la de ayudar a todos. ¿Cómo llevo adelante la realización de mi misión de Cirineo?

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

SEXTA ESTACION
La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Es la mujer valiente, decidida, que se acerca a Ti cuando todos te abandonan. Yo, Señor, te abandono cuando me dejo llevar por el "qué dirán", del respeto humano, cuando no me atrevo a defender al prójimo ausente, cuando no me atrevo a replicar una broma que ridiculiza a los que tratan de acercarse a Ti.

Y en tantas otras ocasiones. Ayúdame a no dejarme llevar por el respeto humano, por el "qué dirán".

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

SEPTIMA ESTACION
Segunda caída en el camino de la Cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Caes, Señor, por segunda vez. El Via Crucis nos señala tres caídas en tu caminar hacia el Calvario. Tal vez fueran más.

Caes delante de todos... ¿Cuándo aprenderé yo a no temer el quedar mal ante los demás, por un error, por una equivocación? ¿Cuándo aprenderé que también eso se puede convertir en ofrenda?

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

OCTAVA ESTACION
Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Muchas veces, tendría yo que analizar la causa de mis lágrimas. Al menos, de mis pesares, de mis preocupaciones. Tal vez hay en ellos un fondo de orgullo, de amor propio mal entendido, de egoísmo, de envidia.

Debería llorar por mi falta de correspondencia a tus innumerables beneficios de cada día, que me manifiestan, Señor, cuánto me quieres. Dame profunda gratitud y correspondencia a tu misericordia.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

NOVENA ESTACION
Jesús cae por tercera vez

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Tercera caída. Más cerca de la Cruz. Más agotado, más falto de fuerzas. Caes desfallecido, Señor.

Yo digo que me pesan los años, que no soy el de antes, que me siento incapaz. Dame, Señor, imitarte en esta tercera caída y haz que mi desfallecimiento sea beneficioso para otros, porque te lo doy a Ti para ellos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

DECIMA ESTACION
Jesús despojado de sus vestiduras

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Arrancan tus vestiduras, adheridas a Ti por la sangre de tus heridas. A infinita distancia de tu dolor, yo he sentido, a veces, cómo algo se arrancaba dolorosamente de mí por la pérdida de mis seres queridos.

Que yo sepa ofrecerte el recuerdo de las separaciones que me desgarraron, uniéndome a tu pasión y esforzándome en consolar a los que sufren, huyendo de mi propio egoísmo.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

DECIMO PRIMERA ESTACION
Jesús es clavado en la Cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Señor, que yo disminuya mis limitaciones con mi esfuerzo y así pueda ayudar a mis hermanos. Y que cuando mi esfuerzo no consiga disminuirlas, me esfuerce en ofrecértelas también por ellos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

DECIMO SEGUNA ESTACION
Jesús muere en la Cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Te adoro, mi Señor, mu**to en la Cruz por Salvarme. Te adoro y beso tus llagas, las heridas de los clavos, la lanzada del costado... ¡Gracias, Señor, gracias! Has mu**to por salvarme, por salvarnos.

Dame responder a tu amor con amor, cumplir tu Voluntad, trabajar por mi salvación, ayudado de tu gracia. Y dame trabajar con ahínco por la salvación de mis hermanos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

DECIMO TERCERA ESTACION
Jesús en brazos de su madre

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Déjame estar a tu lado, Madre, especialmente en estos momentos de tu dolor incomparable. Déjame estar a tu lado. Más te pido: que hoy y siempre me tengas cerca de Ti y te compadezcas de mí. ¡Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

DECIMO CUARTA ESTACION
Jesús es puesto en el Sepulcro

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Dirán muchos por ahí: todo ha terminado. Pero no: después de la muerte, la Resurrección. Enséñame a ver lo que pasa, lo transitorio y pasajero, a la luz de lo que no pasa. Y que esa luz ilumine todos mis actos. Así sea.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la sagrada Pasión de nuestro Señor Jesucristo; y los dolores de su santísima Madre, María, al pie de la Cruz. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

Oración Final
Te suplico, Señor, que me concedas,
por intercesión de tu Madre la Virgen,
que cada vez que medite tu Pasión,
quede grabado en mí
con marca de actualidad constante,
lo que Tú has hecho por mí
y tus constantes beneficios.
Haz, Señor, que me acompañe,
durante toda mi vida,
un agradecimiento inmenso a tu Bondad. Amén

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Quito

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