30/10/2026
La evolución de la vida es también la evolución de sus relaciones
De la cooperación molecular al conocimiento, el progreso y la paz: una mirada desde la Teoría Relacional Cuántico Geométrica
Una pregunta que cambia nuestra forma de entender la evolución
Durante mucho tiempo hemos contado la historia de la vida como una gran competición. Los organismos luchan por sobrevivir, los individuos compiten por los recursos y la selección natural favorece a quienes consiguen reproducirse con mayor éxito. Esta visión contiene una parte esencial de la realidad biológica, pero resulta incompleta cuando intentamos explicar cómo ha llegado la vida a construir estructuras de una complejidad extraordinaria.
Porque la historia de la vida no es únicamente la historia de los organismos que sobrevivieron frente a otros. También es la historia de los que establecieron relaciones, intercambiaron recursos, compartieron información, se asociaron y terminaron formando unidades nuevas, capaces de hacer cosas que ninguno de sus integrantes habría podido realizar por separado.
La pregunta, por tanto, merece ampliarse: ¿y si una de las grandes claves de la evolución no fuera solamente la competencia entre entidades, sino también la capacidad de establecer relaciones que generan nuevas posibilidades?
Esta perspectiva conecta con una intuición fundamental de la Teoría Relacional Cuántico Geométrica (TRCG): abordar la realidad desde la importancia de las relaciones y de la estructura que estas configuran. La TRCG constituye aquí el marco desde el que planteamos una reflexión sobre la evolución, la emergencia de la complejidad y el futuro de la humanidad. No se trata de afirmar que la biología haya demostrado la teoría, ni de atribuirle resultados que todavía deben formularse y contrastarse. Se trata de explorar qué preguntas nuevas podemos plantear cuando dejamos de considerar las relaciones como un elemento secundario.
La vida nos ofrece un extraordinario terreno para hacerlo.
1. La competencia no explica por sí sola la historia de la vida
La expresión "supervivencia del más apto" suele utilizarse como resumen de la evolución darwiniana. Sin embargo, conviene recordar que la expresión fue acuñada por Herbert Spencer y que Charles Darwin la incorporó posteriormente a ediciones de El origen de las especies. La selección natural sigue siendo una pieza central de la biología evolutiva, pero no equivale a afirmar que todos los procesos evolutivos sean una lucha permanente de cada individuo contra todos los demás.
En la naturaleza encontramos competencia, depredación y conflicto. También encontramos simbiosis, cooperación, mutualismo y dependencia. Ninguna explicación rigurosa debería eliminar una de estas dimensiones para privilegiar la otra.
La cuestión es que la cooperación no constituye una excepción marginal. Ha intervenido en algunos de los grandes cambios de organización de la vida.
Los genes funcionan integrados en genomas; las células forman organismos pluricelulares; numerosos organismos establecen asociaciones estables con otros seres vivos. En todos estos casos, la organización colectiva permite desarrollar capacidades que no se encuentran de la misma manera en cada componente aislado.
El biólogo evolutivo Martin A. Nowak explicó en su trabajo Five Rules for the Evolution of Cooperation, publicado en Science en 2006, que la cooperación es necesaria para que la evolución construya nuevos niveles de organización. Identificó cinco mecanismos que pueden favorecerla: selección por parentesco, reciprocidad directa, reciprocidad indirecta, reciprocidad en redes y selección de grupos.
Su aportación es importante porque demuestra que la cooperación no necesita explicarse como una anomalía contraria a la evolución. Puede surgir y mantenerse mediante mecanismos evolutivos concretos, incluso en un mundo donde también existe competencia.
La vida no ha dejado de competir. Ha aprendido, además, a organizar la cooperación.
2. Antes de los organismos modernos: una historia de intercambios
Uno de los episodios más sugerentes de esta historia se encuentra en los primeros pasos de la evolución celular.
El microbiólogo Carl Woese, conocido por sus investigaciones que transformaron nuestra comprensión de la diversidad de la vida y de los grandes dominios biológicos, propuso en un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences en 2002 una visión especialmente interesante de la evolución celular temprana.
Woese planteó que las primeras formas celulares pudieron evolucionar en un contexto fundamentalmente comunal, en el que la transferencia horizontal de genes desempeñaba un papel decisivo. En lugar de imaginar desde el principio linajes perfectamente separados y estables, su modelo contempla comunidades de organismos primitivos en las que el intercambio genético contribuía a generar novedades evolutivas.
En su planteamiento, la comunidad en su conjunto podía ser una unidad relevante para comprender la evolución temprana. A medida que las células adquirían una organización más compleja e integrada, la herencia vertical y la continuidad de los linajes ganaban importancia.
Esta propuesta no significa que todos los detalles del origen de la vida estén resueltos, ni que exista consenso absoluto sobre cada aspecto de aquel proceso. Su valor reside en mostrar que el intercambio y la organización comunitaria pueden ser esenciales para comprender cómo surgieron las primeras arquitecturas celulares.
La idea resulta especialmente fértil desde una perspectiva relacional: las propiedades de una entidad no dependen únicamente de sus componentes, sino también de las interacciones que mantienen entre sí y con su entorno.
Un componente biológico aislado no cuenta toda la historia. Hay que estudiar qué intercambia, con qué interactúa, qué relaciones mantiene y qué organización emerge de ellas.
3. Cuando la asociación crea una nueva forma de vida
La teoría endosimbiótica de Lynn Margulis constituye otro ejemplo extraordinario.
Margulis defendió que determinados componentes fundamentales de las células eucariotas, entre ellos las mitocondrias y los cloroplastos, tienen su origen en antiguos organismos que establecieron asociaciones simbióticas y terminaron integrándose en una misma organización celular.
La propuesta fue inicialmente recibida con escepticismo, pero acumuló apoyo científico y se convirtió en una pieza esencial de la explicación del origen de las células eucariotas.
La relevancia de este proceso va mucho más allá de la supervivencia conjunta de dos organismos. Lo decisivo fue que una relación de asociación terminó dando lugar a una organización nueva, con propiedades y capacidades diferentes.
No estamos hablando simplemente de dos seres vivos que se ayudan durante un tiempo. Hablamos de una integración evolutiva que modificó profundamente la arquitectura de la vida.
La investigación contemporánea sigue estudiando los detalles y las distintas etapas de estas transiciones. Una revisión de Antonio Lazcano y Juli Peretó, publicada en Biosystems en 2021, vuelve sobre la importancia histórica y científica de la propuesta de Margulis y sobre el origen de las células nucleadas.
La lección es poderosa: en determinadas circunstancias, una relación puede transformar a sus participantes hasta el punto de que aparezca una nueva unidad biológica.
La complejidad no siempre nace de añadir piezas independientes. A veces aparece cuando las piezas establecen una relación suficientemente estable, organizada e integrada.
4. De las relaciones a los nuevos niveles de organización
La evolución contiene varios grandes episodios en los que entidades que antes podían existir de manera independiente pasan a formar organizaciones colectivas.
La transición desde replicadores genéticos hasta genomas, desde células individuales hasta organismos pluricelulares o desde organismos hasta sociedades altamente organizadas son ejemplos de cambios en los niveles de individualidad biológica.
Un estudio de Stuart A. West, Roberta M. Fisher, Andy Gardner y E. Toby Kiers, publicado en PNAS en 2015 bajo el título Major evolutionary transitions in individuality, analiza precisamente estas transformaciones.
Los autores destacan que la formación de nuevas unidades evolutivas requiere algo más que la proximidad entre individuos. Intervienen la cooperación, la división del trabajo, la comunicación, la dependencia mutua y la reducción de los conflictos internos.
Es decir, no basta con que las partes estén juntas. Necesitan desarrollar mecanismos que permitan coordinar sus actividades y mantener una organización común.
Esta distinción resulta fundamental.
Una multitud no es necesariamente una comunidad integrada. Una red de contactos no constituye automáticamente una estructura cooperativa. Una sociedad no alcanza un nivel superior de organización simplemente porque sus integrantes compartan territorio.
La cuestión decisiva es la calidad y la estructura de las relaciones.
Desde la perspectiva de la TRCG, esta observación invita a investigar cómo las relaciones configuran estructuras, qué condiciones permiten que esas estructuras se mantengan y de qué manera una organización relacional puede generar propiedades que no se explican observando cada elemento por separado.
La pregunta no es solo qué componentes forman un sistema, sino qué geometría de relaciones los conecta y qué posibilidades aparecen gracias a esa configuración.
5. La TRCG y la importancia de la estructura relacional
La Teoría Relacional Cuántico Geométrica nos proporciona el marco conceptual desde el que abordar esta cuestión. Su propio nombre sitúa en primer plano tres dimensiones que deben considerarse conjuntamente: lo relacional, lo cuántico y lo geométrico.
No sería riguroso reducir esos tres términos a una metáfora general sobre la cooperación, ni atribuir a la teoría mecanismos físicos concretos sin exponer previamente sus definiciones y su formulación matemática. Pero sí podemos señalar una línea de reflexión coherente con su perspectiva: estudiar la realidad atendiendo a las relaciones y a la estructura que estas hacen posible.
La dimensión relacional dirige la atención hacia las interacciones y dependencias entre los elementos de un sistema.
La dimensión geométrica invita a considerar que la organización de esas relaciones puede ser tan relevante como la naturaleza de los elementos relacionados.
Y la dimensión cuántica sitúa la teoría en un ámbito conceptual que exige especial precisión: sus afirmaciones deben formularse de acuerdo con los conceptos y las estructuras matemáticas de la física cuántica, sin utilizar la palabra "cuántico" como sinónimo de conexión, armonía o complejidad.
Esta precisión no limita el alcance de la TRCG. Al contrario: permite distinguir una propuesta científica de una analogía sugerente.
La conexión con la evolución biológica debe entenderse, por tanto, como una vía de investigación conceptual. La biología muestra que las interacciones pueden resultar decisivas para la emergencia de nuevos niveles de organización. La TRCG puede plantear preguntas sobre el papel fundamental de las relaciones en la constitución y descripción de la realidad. El trabajo científico consiste en establecer qué correspondencias son legítimas, cuáles son solamente analogías y cuáles pueden convertirse en hipótesis contrastables.
La ambición no debe ser encontrar la teoría en todas partes, sino descubrir dónde explica algo que antes no entendíamos y cómo podemos comprobarlo.
6. El conocimiento humano también es una construcción relacional
La historia del conocimiento ofrece un paralelismo especialmente interesante.
Ningún ser humano construye por sí solo la ciencia contemporánea. Cada descubrimiento se apoya en lenguajes, herramientas, observaciones, métodos y conocimientos desarrollados por muchas generaciones.
La escritura permitió conservar información más allá de la memoria individual. La imprenta multiplicó la circulación de ideas. Las universidades y las sociedades científicas facilitaron la discusión y la transmisión del conocimiento. Los instrumentos de observación ampliaron nuestra capacidad para estudiar fenómenos que antes permanecían fuera de nuestro alcance.
La ciencia progresa cuando las observaciones pueden compartirse, las hipótesis discutirse, los errores corregirse y los resultados reproducirse.
La cooperación intelectual no significa ausencia de desacuerdo. Significa disponer de relaciones y procedimientos que permiten transformar el desacuerdo en investigación.
Una comunidad científica saludable no necesita que todos piensen igual. Necesita que las diferencias puedan expresarse, que las pruebas tengan más peso que la autoridad y que los resultados puedan ser examinados por otros.
La inteligencia colectiva no es la suma automática de muchas inteligencias individuales. Depende de cómo se conectan, de cómo circula la información y de cómo se resuelven los errores y los conflictos.
Aquí encontramos otra cuestión relevante para una investigación inspirada en la TRCG: ¿qué características relacionales hacen que una red de personas produzca conocimiento fiable y creativo? ¿Qué configuraciones favorecen la innovación? ¿Cuáles generan aislamiento, polarización o repetición de errores?
Son preguntas que pueden estudiarse mediante redes de colaboración, análisis de publicaciones, circulación de información y modelos de interacción.
7. El progreso depende de la calidad de nuestras conexiones
La tecnología suele presentarse como el motor principal del progreso. Sin embargo, ninguna tecnología se desarrolla en el vacío.
Necesita conocimientos compartidos, instituciones, financiación, confianza, intercambio de información y cooperación entre disciplinas. Incluso las innovaciones que parecen fruto de una sola persona suelen depender de una extensa red de aportaciones anteriores.
La energía, la medicina, las comunicaciones, la agricultura y la exploración espacial son resultados de sistemas humanos de colaboración.
Esto no significa que toda cooperación sea beneficiosa. También existen redes que facilitan la corrupción, la manipulación, la explotación o la difusión de errores. Una organización puede ser muy eficiente y, sin embargo, perseguir objetivos destructivos.
Por eso debemos distinguir entre la mera conectividad y una organización capaz de producir resultados valiosos y sostenibles.
Una sociedad puede estar hiperconectada y, al mismo tiempo, sufrir desconfianza, desinformación y fragmentación. Puede disponer de tecnologías avanzadas y carecer de mecanismos eficaces para resolver problemas comunes.
El progreso no depende exclusivamente de cuántas conexiones establecemos, sino de cómo se estructuran, qué intercambios permiten y qué consecuencias producen.
La perspectiva relacional nos invita a considerar que el desarrollo de una sociedad no puede medirse únicamente por la riqueza o la capacidad tecnológica de sus individuos. También importa la calidad de las relaciones que sostienen sus sistemas educativos, científicos, económicos, culturales y políticos.
8. La paz como una forma de organización relacional
La paz suele entenderse como la ausencia de guerra. Pero una sociedad puede no estar en guerra y, aun así, vivir sometida a violencia estructural, desigualdad extrema, miedo, exclusión o desconfianza.
La paz duradera requiere relaciones capaces de gestionar los conflictos sin convertirlos en destrucción permanente.
La cooperación no exige eliminar las diferencias. En realidad, una comunidad puede beneficiarse de la diversidad de perspectivas, capacidades y experiencias. Lo importante es construir procedimientos para que esas diferencias no impidan alcanzar acuerdos básicos.
La negociación, la justicia, la educación, la participación y la confianza institucional son mecanismos que permiten mantener relaciones sociales incluso cuando existen intereses contrapuestos.
Desde esta perspectiva, la paz no sería simplemente una pausa entre enfrentamientos, sino una forma de organización colectiva que reduce los incentivos para la violencia y aumenta la capacidad de resolver problemas compartidos.
La biología puede ofrecernos ejemplos de cómo la cooperación y la integración hacen posibles ciertos niveles de organización. Pero no debemos convertir esos ejemplos en recetas políticas automáticas: una sociedad humana tiene dimensiones éticas, históricas y culturales que no pueden deducirse directamente de la evolución celular.
Lo que sí podemos investigar es cómo las estructuras de interacción influyen en la confianza, la polarización, la cooperación y la estabilidad social.
Una paz sólida necesita algo más que buenas intenciones: necesita relaciones e instituciones que la hagan posible.
9. Cinco líneas de investigación que abre esta perspectiva
La relación entre evolución, organización y la TRCG permite formular preguntas que podrían convertirse en programas de investigación. Para que tengan valor científico, deberán expresarse mediante definiciones operativas, modelos matemáticos y resultados susceptibles de contrastación.
Primera: relaciones y emergencia de organización. Investigar en qué condiciones las interacciones entre componentes generan propiedades colectivas que no aparecen en los componentes aislados. La biología evolutiva y la ciencia de sistemas ofrecen casos de estudio; la TRCG tendría que precisar qué aporta su formulación relacional y geométrica.
Segunda: estructura de las redes y cooperación. Analizar cómo la configuración de las conexiones modifica la estabilidad de la cooperación. Los trabajos de Nowak y de Ohtsuki y colaboradores muestran que la estructura de las redes puede influir en la evolución de comportamientos cooperativos. La cuestión sería determinar si la TRCG permite describir estas configuraciones desde un marco adicional y producir predicciones nuevas.
Tercera: transiciones entre niveles de organización. Estudiar qué condiciones hacen posible que grupos de entidades se conviertan en unidades integradas. La división del trabajo, la comunicación, la interdependencia y la regulación de conflictos son variables relevantes identificadas en la literatura sobre grandes transiciones evolutivas.
Cuarta: redes de conocimiento. Investigar qué configuraciones de colaboración favorecen la creatividad, la fiabilidad y la difusión del conocimiento, y cuáles facilitan la desinformación o la polarización. Podrían compararse redes científicas, educativas y tecnológicas mediante indicadores explícitos.
Quinta: organización social y paz. Examinar si determinadas características de las redes institucionales y comunitarias se relacionan con mayor confianza, capacidad de resolución de conflictos y estabilidad. Estas hipótesis exigirían datos comparables y controles que permitan separar correlación de causalidad.
Estas cinco líneas no son predicciones demostradas de la TRCG. Son propuestas de investigación que podrían ayudar a determinar su alcance y su capacidad explicativa.
Una teoría gana fuerza cuando se atreve a formular predicciones concretas y acepta la posibilidad de que los datos las contradigan.
10. El futuro: pasar de la conexión a la comprensión de las relaciones
La humanidad está construyendo redes de una escala sin precedentes. Internet, la inteligencia artificial, los sistemas financieros globales, la investigación internacional y las cadenas de producción conectan a millones de personas y organizaciones.
Sin embargo, la capacidad de conectar no garantiza la capacidad de cooperar.
Podemos intercambiar información sin comprendernos. Podemos desarrollar sistemas tecnológicos extraordinariamente complejos sin alcanzar acuerdos sobre sus objetivos. Podemos multiplicar nuestras conexiones mientras crecen la desconfianza y la fragmentación.
El desafío de las próximas décadas no consistirá solamente en producir tecnologías más potentes. También tendremos que comprender mejor las estructuras de relaciones que hacen posible su uso responsable.
La inteligencia artificial, por ejemplo, no debería evaluarse únicamente por su capacidad de cálculo. También debemos estudiar las relaciones entre quienes la diseñan, quienes la utilizan, las instituciones que la regulan y las personas afectadas por sus decisiones.
Lo mismo sucede con los grandes desafíos globales: el cambio climático, las pandemias, la seguridad alimentaria, la desigualdad y la prevención de conflictos. Ninguno puede resolverse desde una única institución o país. Todos exigen coordinación y cooperación entre sistemas interdependientes.
Quizás uno de los grandes saltos pendientes de nuestra especie sea comprender que la autonomía individual y la interdependencia colectiva no son necesariamente opuestas. Podemos desarrollar nuestra singularidad y, al mismo tiempo, reconocer que muchas de nuestras capacidades dependen de relaciones que nos conectan con los demás.
La cuestión no es sustituir al individuo por el grupo, sino entender mejor cómo se construyen las capacidades individuales y colectivas dentro de sistemas de relaciones.
Conclusión: la vida no solo se reproduce, también se organiza
La evolución nos muestra una historia mucho más rica que una sucesión de luchas individuales. La competencia ha sido y sigue siendo importante, pero también lo han sido la simbiosis, la cooperación, el intercambio genético, la comunicación y la integración de componentes en nuevas unidades.
Desde las comunidades microbianas estudiadas por Woese hasta las transiciones evolutivas analizadas por numerosos investigadores, encontramos una constante: determinadas formas de organización aparecen cuando las relaciones entre los elementos adquieren características capaces de sostener una unidad nueva.
La historia humana ofrece otra dimensión de esa posibilidad. El conocimiento, la ciencia, el progreso y la paz dependen en gran medida de nuestra capacidad para construir relaciones que permitan compartir información, coordinar esfuerzos y resolver conflictos.
La Teoría Relacional Cuántico Geométrica invita a situar las relaciones en el centro de una reflexión más amplia sobre la realidad. Su potencial deberá expresarse con rigor conceptual y matemático, y su alcance científico tendrá que establecerse mediante hipótesis contrastables. Pero la pregunta que inspira esta mirada merece toda nuestra atención: ¿hasta qué punto comprender la estructura de las relaciones nos permite comprender mejor la aparición y la organización de la complejidad?
Tal vez el gran aprendizaje de la evolución sea que ninguna entidad puede entenderse plenamente al margen de las relaciones que establece. Y que, en determinadas condiciones, esas relaciones no se limitan a conectar lo que ya existe: hacen posible que aparezca algo nuevo.
La vida ha construido nuevas formas de organización a través de relaciones que transformaron a sus componentes. La humanidad puede aprender de esa historia sin confundir la biología con la ética ni la evolución con un programa político.
El futuro dependerá, en buena medida, de nuestra capacidad para transformar la conexión en cooperación, la cooperación en conocimiento y el conocimiento en una convivencia más justa y pacífica.
No basta con estar conectados. Necesitamos comprender las relaciones que nos constituyen y aprender a construir, a través de ellas, un futuro común.
Referencias científicas esenciales
Darwin Correspondence Project. Documentación histórica sobre el origen y uso de la expresión "survival of the fittest" y su relación con Charles Darwin y Herbert Spencer.
Woese, C. R. (2002). “On the evolution of cells”. Proceedings of the National Academy of Sciences, 99(13), 8742–8747.
Nowak, M. A. (2006). “Five Rules for the Evolution of Cooperation”. Science, 314(5805), 1560–1563.
Ohtsuki, H., Hauert, C., Lieberman, E. & Nowak, M. A. (2006). “A simple rule for the evolution of cooperation on graphs and social networks”. Nature, 441, 502–505.
West, S. A., Fisher, R. M., Gardner, A. & Kiers, E. T. (2015). “Major evolutionary transitions in individuality”. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(33), 10112–10119.
Lazcano, A. & Peretó, J. (2021). “Prokaryotic symbiotic consortia and the origin of nucleated cells: A critical review of Lynn Margulis hypothesis”. Biosystems, 204, 104408.
Nota editorial: las investigaciones citadas respaldan afirmaciones sobre evolución, cooperación, simbiosis y organización biológica. Las conexiones con la Teoría Relacional Cuántico Geométrica se presentan como marco de reflexión y líneas de investigación, no como conclusiones ya demostradas por esos trabajos.
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