12/06/2026
𝗘𝗻 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗛𝗲𝗿𝗶𝗯𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗟𝗼́𝗽𝗲𝘇 𝗛𝗲𝗿𝗻𝗮́𝗻𝗱𝗲𝘇
Dicen que lo que no se nombra no existe y, de ser así, Heriberto tenía un poder casi sobrenatural, porque la biodiversidad canaria está llena de seres vivos que hoy conocemos (y nombramos) gracias a su trabajo incansable y entusiasta. Las especies 𝘈𝘤𝘳𝘰𝘴𝘵𝘪𝘳𝘢 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳𝘪𝘧𝘢𝘦, 𝘉𝘢𝘦𝘻𝘪𝘢 𝘣𝘪𝘮𝘣𝘢𝘤𝘩𝘦, 𝘗𝘶𝘳𝘱𝘶𝘳𝘢𝘳𝘪𝘢 𝘮𝘢𝘨𝘯𝘢, 𝘚𝘱𝘢𝘯𝘪𝘰𝘤𝘢𝘮𝘱𝘢 𝘳𝘦𝘭𝘪𝘤𝘵𝘢, 𝘖𝘳𝘰𝘮𝘪𝘢 𝘵𝘩𝘰𝘳𝘢𝘤𝘪𝘤𝘢, 𝘖𝘳𝘰𝘮𝘪𝘢 𝘰𝘳𝘢𝘩𝘢𝘯, 𝘔𝘰𝘳𝘴𝘪𝘯𝘢 𝘨𝘰𝘮𝘦𝘳𝘢𝘦 o 𝘌𝘯𝘵𝘰𝘮𝘰𝘤𝘶𝘭𝘪𝘢 𝘷𝘶𝘭𝘤𝘢𝘯𝘪𝘤𝘢 son tan solo una mínima muestra de su capacidad para iluminar lo pequeño, de poner nombre a lo invisible hasta ese momento.
Durante años compartimos con él mucho más que un espacio de trabajo. Compartimos proyectos, campañas de campo, reuniones, cafés, conversaciones, descubrimientos, preocupaciones, pero también muchas alegrías. Compartimos el día a día con una persona cuya presencia se hizo tan natural y tan valiosa que hoy resulta difícil asumir que ya no estará entre nosotros.
Heriberto entendía la ciencia como una forma de compromiso con el conocimiento y con la conservación de nuestro patrimonio natural. Desde hace años, Heriberto era considerado un referente a nivel nacional e internacional en el estudio de la entomofauna de Canarias. Su trabajo contribuyó de manera decisiva a ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad de la Macaronesia, especialmente de los coleópteros y los ortópteros, a los que dedicó buena parte de su carrera. Su ilusión, creatividad y excelencia hacían que Heriberto tuviera una visión pionera e integradora sobre la taxonomía, la biología y la conservación de la biodiversidad de las islas. Una visión clave para entender y proteger nuestro patrimonio natural.
Pero quienes trabajamos con él sabemos que su legado va mucho más allá de sus contribuciones científicas. Recordaremos a Heriberto por su generosidad, su disposición permanente a colaborar, la pasión que ponía en cada proyecto, su buen humor y su inquebrantable entusiasmo. El notable número de descripciones de especies nuevas dedicadas a Heriberto, y las numerosas aportaciones y datos que cedió al Banco de Datos de Biodiversidad de Canarias, son claros indicadores de su altruismo y valía profesional y personal.
Su cercanía, su empatía, su amabilidad y su compañerismo hicieron de él una persona muy querida por todos quienes tuvimos la fortuna de compartir camino con él. En una profesión en la que el conocimiento es importante, Heriberto nos recordó cada día que también lo son la generosidad, el respeto y la amistad. Heriberto era un compañero que nos hacía a todos mejores, una pieza clave del equipo, quien facilitaba, escuchaba y buscaba soluciones.
También fue un referente dentro del IPNA en algo tan importante como la conciliación familiar y la corresponsabilidad. Heriberto fue un padre profundamente comprometido con el cuidado y la crianza de sus hijas, una implicación que vivía con naturalidad y coherencia y que hizo de él un espejo en el que mirarnos. Ese compromiso le llevó además a formar parte del Comité de Igualdad desde sus inicios, colaborando en la construcción de un entorno de trabajo más inclusivo y humano.
El IPNA pierde a un investigador excepcional y a un profesional de referencia, pero, sobre todo, pierde a un compañero y a un amigo. Queremos expresar nuestro más sentido pésame a su esposa Helena y a sus dos hijas Noa y Gara, al resto de su familia y a sus amistades y seres queridos. Compartimos su dolor y les acompañamos en estos momentos difíciles. Estamos con ellas, como sabemos que Heri estaría con cada uno de nosotros.
Gracias, Heri, por tu trabajo, por tu generosidad y por tu amistad.
Ojalá tener ese poder tuyo para nombrarte y recuperarte.
📷 Salvador de la Cruz López