07/02/2026
Una de las cosas que me gustan de mi trabajo es acabar una faena, y gente que la ha visto te diga que les encanta.
Que ha quedado muy elegante y aseado.
No estuvo mal para hacerlo en sólo 4 días y que nos cambiasen el paso a cada momento.
Quita esto, pon lo otro, haz un peldaño más, ahora no, bueno si.
Pinta la escalera, bueno tira gotelé, bueno no, gotelé en toda la escalera, ese color no, ahora cámbialo, buf.
Un cliente muy exigente, con casi todas las ideas muy claras. Casi todas.
Pero ahí estuvimos, al pie del cañón, para que su evento familiar saliese, y salió.
Incluso le enviamos un ramo de flores de 100 euros que pasó (sic) desapercibido, pero yo, lo hice de corazón y con cariño.
Prefiero pensar en la felicidad de la niña ese día, que en los 100 euros del ramo.
Cambia, cambia, vuelve a cambiar.
El viernes a las 12 ya no le gustaba el color que eligió para la fachada, ya casi acabada.
Cámbialo, y lo cambiamos. Y lo hicimos y a las 14 horas nos fuimos a casa, exhaustos.
Y a las 17 dice que ese color tampoco le gusta, pero que "no pasa nada, que lo deje así. A mi me gusta, la verdad.
Ese es mi trabajo, ese es mi sector y así luchamos día a día.
Y luego llega el momento del cobro...(todavía).
Ahí ya no son, algunos, tan exquisitos ni exigentes.
Todo llega, siempre. (Eso me han dicho)
Estoy orgulloso de mi equipo que, ese día, como tantos otros, volvió a dar la talla pese a las dificultades.
Tendré que decírselo, aunque espero que no sea necesario.
A ellos ya les felicité por su gran esfuerzo, no lo quiero empañar.
Creo que este será mi último trabajo a una comunidad de vecinos.