02/09/2026
Hay científicos que calculan bien. Y hay científicos que calculan bien todo menos lo que han construido.
16 de julio de 1945, desierto de Nuevo México. Antes de la prueba, los físicos de Los Álamos abren una quiniela para apostar por la potencia de la bomba. Rabi apuesta 18 kilotones. Teller, alto. Y Robert Oppenheimer, el hombre que dirige el proyecto entero, el que conoce cada pieza de ese artefacto mejor que nadie en el mundo, apuesta 300 toneladas.
Se queda corto por un factor de setenta.
Estallan veintiún mil. Unos metros más allá, Fermi deja caer sus trozos de papel.
Nadie recuerda la quiniela. Lo que todos citan es el verso del Bhagavad Gita: "Ahora me he convertido en la Muerte, destructor de mundos". Pero eso lo contó veinte años después, ante una cámara. Según su hermano Frank, lo que dijo aquella mañana en el desierto fueron dos palabras:
"Funcionó."
Nueve años después, el mismo país que le debía la bomba le retiró la acreditación de seguridad. Junio de 1954. Lo apartaron de todo lo que había construido.
En 1963 le entregaron el máximo galardón científico del Gobierno de Estados Unidos. Se llama Premio Enrico Fermi.
Y en diciembre de 2022, sesenta y ocho años después, el Departamento de Energía anuló aquella decisión de 1954. Oppenheimer llevaba cincuenta y cinco años mu**to.
Fermi no necesitaba todos los datos para acertar. Oppenheimer los tenía todos y aun así no supo medir lo que había hecho. Nadie sabe.
⚛️ ¿Se puede construir algo así y seguir siendo el mismo después?