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DOS PARES DE BOCINAS. UN SOLO AMPLIFICADOR. ¿QUÉ HACÍA REALMENTE A+B?Hubo una época en la que comprar tu primer amplific...
27/08/2026

DOS PARES DE BOCINAS. UN SOLO AMPLIFICADOR. ¿QUÉ HACÍA REALMENTE A+B?

Hubo una época en la que comprar tu primer amplificador serio venía acompañado de un pequeño descubrimiento.

Mirabas la parte trasera y encontrabas algo curioso:

SPEAKERS A.
SPEAKERS B.

Dos pares de terminales.

Y era fácil llegar a una conclusión bastante tentadora: si conectabas otras dos bocinas y presionabas A+B, tendrías el doble de sonido, quizá hasta el doble de potencia.

Pero el amplificador no escondía otro amplificador en su interior.

La idea era mucho más práctica.

Podías tener un par de bocinas principales conectado en A y otro par en B. Escuchabas uno, el otro o, cuando el diseño lo permitía, ambos simultáneamente.

Eso permitía cosas que entonces resultaban tremendamente cómodas: unas bocinas en la sala y otras en otra habitación, o incluso un segundo par para comparar cómo sonaban.

Pero había una condición que muchos aprendieron mirando aquella pequeña advertencia impresa detrás del equipo:

la impedancia.

En muchos amplificadores donde A y B terminaban conectándose en paralelo, activar ambos pares reducía la impedancia total que veía la etapa de potencia.

Dos pares nominales de 8 Ω, por ejemplo, pueden representar aproximadamente una carga de 4 Ω cuando trabajan simultáneamente en paralelo.

Y ahí estaba la razón de aquellas instrucciones que parecían excesivamente específicas:

A OR B: 4–16 Ω
A+B: 8–16 Ω

No era decoración.

El fabricante estaba diciéndote hasta dónde podías exigirle al amplificador sin hacer trabajar su etapa de salida fuera de las condiciones previstas.

Y hay otro detalle importante: A+B tampoco significaba automáticamente más potencia.

Seguías utilizando la misma etapa de amplificación. Simplemente estabas distribuyendo su salida entre más altavoces bajo las condiciones eléctricas admitidas por el equipo.

Era una función sencilla, mecánica y tremendamente útil.

Sin aplicaciones.
Sin configuración digital.
Sin menús.

Solo conectabas los cables, presionabas A, B o A+B…

y la música podía aparecer en otro par de bocinas.

Ahora viene la pregunta para quienes tuvieron uno de estos equipos:

Tú usabas Speaker B de verdad o esos terminales pasaron toda su vida completamente vacíos?

PUSIERON UN PIONEER DE 1978 CONTRA UN YAMAHA DE 2009. NADIE PODÍA VER CUÁL ESTABA SONANDO.En 2013 ocurrió algo en una ti...
27/08/2026

PUSIERON UN PIONEER DE 1978 CONTRA UN YAMAHA DE 2009. NADIE PODÍA VER CUÁL ESTABA SONANDO.

En 2013 ocurrió algo en una tienda de audio vintage de Vancouver que todavía resulta incómodo para cualquiera que juzgue un amplificador únicamente por su hoja de especificaciones.

Prepararon una prueba con tres receptores:

Un Pioneer SX-1980 de 1978.
Un Sony STR-V6 de 1978.
Y un Yamaha RX-V1800 de 2009.

Los equipos quedaron ocultos.

Los participantes no sabían cuál estaba sonando y los niveles fueron ajustados utilizando un tono de 1 kHz hasta dejar una diferencia máxima de apenas 0.16 dB entre ellos. Después podían escuchar durante el tiempo que quisieran y simplemente responder cuál preferían.

Sobre el papel, el Yamaha tenía argumentos muy serios.

En las mediciones posteriores registró 0.008 % de THD a 1 kHz, frente al 0.016 % del Pioneer, además de un nivel de ruido inferior. Tres décadas de evolución tecnológica parecían jugar a su favor.

Entonces llegaron los votos.

Pioneer SX-1980: 6.
Sony STR-V6: 1.
Yamaha RX-V1800: 1.

Seis de ocho personas eligieron el aparato construido en 1978.

Y aquí es donde la historia se vuelve realmente interesante.

Los participantes hablaron especialmente del grave del Pioneer. Lo percibieron con más presencia y más firmeza. Otros mencionaron mayor sensación de detalle y presencia en las voces.

Pero sería demasiado fácil concluir:

“Entonces los amplificadores antiguos son mejores.”

La propia prueba no dice eso.

El Pioneer tampoco era cualquier receptor antiguo.

El SX-1980 era uno de los monstruos de su generación, oficialmente especificado en 270 watts por canal. Una prueba publicada por Audio en 1978 midió 283 watts continuos por canal sobre 8 Ω al THD nominal de 0.03 %.

En la prueba de Vancouver volvió a demostrar lo que llevaba dentro: 273.3 W sobre 8 Ω y 338 W sobre 4 Ω, ambos canales trabajando y medidos al 0.5 % de THD. El Yamaha entregó 127.7 W y 224.4 W respectivamente bajo esas mismas condiciones de medición.

Por eso tampoco podemos decir que el Pioneer ganó simplemente porque “lo vintage suena mejor”.

Podrían intervenir la arquitectura del amplificador, su enorme reserva de potencia, la interacción con las bocinas utilizadas, el estado de cada unidad o simplemente las preferencias de aquellos ocho oyentes.

La prueba no determinó la causa.

Y precisamente ahí está lo fascinante.

Porque cuando quitaron las marcas, el año, el aspecto del aparato y prácticamente todo aquello que podía predisponer al oyente…

seis personas señalaron al mismo receptor.

No demuestra que 1978 derrotó a 2009.

Demuestra algo mucho más interesante:

una especificación técnicamente superior no garantiza que tus oídos vayan a preferir ese equipo.

Ahora te toca a ti.

Si escondiéramos Technics, Sansui, Pioneer y Kenwood detrás de una cortina, crees que reconocerías tu marca favorita sin verla?

ENCENDÍAS EL AMPLIFICADOR… Y ESPERABAS EL CLIC.Quienes vivieron la época dorada del Hi-Fi conocen perfectamente ese mome...
27/08/2026

ENCENDÍAS EL AMPLIFICADOR… Y ESPERABAS EL CLIC.

Quienes vivieron la época dorada del Hi-Fi conocen perfectamente ese momento.

Encendías el amplificador. Las luces cobraban vida. Los medidores despertaban.

Pero las bocinas seguían en silencio.

Un segundo. Dos. Quizá tres…

CLIC.

Y entonces comenzaba la música.

Parecía simplemente otro sonido mecánico de aquellos enormes equipos. Pero detrás de ese clic había un pequeño guardián haciendo algo mucho más importante de lo que muchos imaginaban.

Era el relé de protección de las bocinas.

Al encender determinados amplificadores, el circuito de protección mantenía las bocinas temporalmente desconectadas mientras la electrónica alcanzaba condiciones estables. Así evitaba que los transitorios del encendido llegaran directamente a los altavoces.

Pero su trabajo podía ir mucho más allá.

En muchos diseños, el circuito supervisaba la salida del amplificador buscando una condición peligrosa: voltaje DC donde debería existir una señal de audio alterna.

Si todo estaba dentro de los parámetros previstos, el circuito energizaba el relé.

Los contactos cerraban.

Ese era el clic.

A partir de ese instante, la etapa de potencia quedaba conectada físicamente a las terminales de las bocinas.

Y aquí viene la parte interesante.

Si una avería provocaba una cantidad peligrosa de DC en la salida, un buen circuito de protección podía liberar el relé y desconectar las bocinas antes de que esa condición permaneciera aplicada sobre ellas.

Por eso aquel pequeño cubo escondido dentro del amplificador podía terminar protegiendo unas bocinas muchísimo más caras que él.

También explica otro síntoma que conocen bien quienes restauran audio vintage.

Décadas después, un amplificador puede seguir funcionando y, sin embargo, comenzar a escucharse intermitente, perder un canal o recuperarlo cuando subes el volumen. En ciertos casos, los contactos envejecidos u oxidados del propio relé pueden estar detrás del problema.

Y hay algo casi perfecto en todo esto:

el componente encargado de decidir cuándo podías escuchar música te avisaba que había terminado su trabajo con un sonido que no salía de las bocinas.

CLIC.

Para muchos era simplemente el momento en que sabías:

“Ahora sí.”

Cuál es ese amplificador que todavía recuerdas por su clic al encender?

CUATRO PAÍSES. CUATRO MANERAS DE PERSEGUIR EL SONIDO PERFECTO.Durante décadas, los grandes fabricantes de Hi-Fi tuvieron...
27/08/2026

CUATRO PAÍSES. CUATRO MANERAS DE PERSEGUIR EL SONIDO PERFECTO.

Durante décadas, los grandes fabricantes de Hi-Fi tuvieron acceso a los mismos principios de electrónica, los mismos discos y, finalmente, a mercados cada vez más globales.

Pero ocurrió algo fascinante:

no todos entendieron “alta fidelidad” de la misma manera.

Cada región desarrolló tendencias propias. No son reglas absolutas —dentro de cada país hubo fabricantes muy distintos—, pero basta recorrer la historia del audio para descubrir cuatro filosofías que dejaron una huella enorme.

🇩🇪 ALEMANIA: PRIMERO, EL ORDEN

Mira un Braun diseñado durante la era de Dieter Rams y entenderás la idea antes de encenderlo.

Nada parece estar ahí para presumir.

Braun convirtió simplicidad, orden, funcionalidad y longevidad visual en parte de su lenguaje industrial. ELAC, fundada en Kiel en 1926, siguió otra trayectoria, pero también construyó su reputación alrededor de investigación electroacústica e ingeniería de precisión.

Aquí hay una corrección importante respecto al texto anterior: Dynaudio no pertenece a esta escuela nacional. Es danesa, fundada en Skanderborg, Dinamarca.

La tradición alemana que queremos representar podría resumirse así:

que la ingeniería tenga una razón para estar ahí.

🇯🇵 JAPÓN: SI PUEDE MEDIRSE, PUEDE PERFECCIONARSE

Después llegó una filosofía visualmente muy diferente.

Technics, Pioneer, Sansui, Kenwood…

Interruptores. Medidores. Selectores. Analizadores. Controles que permitían al propietario participar físicamente en el funcionamiento de la máquina.

Pero reducir aquello a “muchos botones” sería injusto.

Technics, por ejemplo, presentó en 1970 el SP-10, reconocido por la propia compañía como el primer tocadiscos comercial de tracción directa del mundo. Poco después aparecerían desarrollos en amplificación, fuentes de alimentación y medición que terminarían influyendo en toda la industria.

Japón convirtió el Hi-Fi en algo extraordinariamente seductor:

ingeniería que también podías ver, tocar y controlar.

🇺🇸 ESTADOS UNIDOS: CONSTRÚYELO COMO TÚ CREES QUE DEBE SONAR

Aquí la historia cambia.

Saul Marantz comenzó construyendo su Audio Consolette porque el equipo disponible no satisfacía lo que él quería escuchar. La demanda fue tal que terminó fundando Marantz en Nueva York en 1953. Después llegarían el Model 7, Model 9 y Model 10B.

Ese origen ayuda a explicar una parte fascinante del Hi-Fi estadounidense: compañías nacidas alrededor de personalidades y equipos de ingeniería con ideas muy concretas sobre cómo debía construirse un componente.

Y aquí también corregimos el mito:

“americano” no significa automáticamente “sonido cálido”.

McIntosh, JBL, los primeros Marantz y otros fabricantes estadounidenses siguieron caminos técnicos muy diferentes.

Lo que los vuelve interesantes no es que todos sonaran igual.

Es precisamente que no lo hacían.

🇬🇧 REINO UNIDO: LA MÚSICA ANTES QUE EL ESPECTÁCULO

Mientras otros perseguían potencia, controles o presencia física, en Gran Bretaña ocurrió algo particular.

La BBC necesitaba monitores que sirvieran como herramientas de trabajo.

Sus investigaciones se concentraron en reducir coloración y distorsión y conseguir respuestas suficientemente controladas para monitorización. De esa cultura surgirían diseños como los LS3/5A y una enorme influencia posterior sobre fabricantes británicos de altavoces.

Después, otra vertiente del Hi-Fi británico popularizaría conceptos relacionados con ritmo, timing y capacidad de un sistema para conservar la estructura musical.

Por eso es mejor no decir que todo el audio británico nació del PRaT.

BBC, Quad, Tannoy, Rogers, Linn y Naim no diseñaban bajo una única doctrina.

Pero compartieron algo que terminó caracterizando buena parte de la cultura audiófila británica:

el equipo debía servir a la música, no distraerte de ella.

Y aquí está lo interesante.

Alemania podía preguntarse: ¿qué podemos eliminar?

Japón: ¿qué podemos perfeccionar?

Estados Unidos: ¿cómo creemos que debe construirse?

Reino Unido: ¿qué necesita la música?

Cuatro caminos distintos persiguiendo exactamente la misma cosa:

hacerte olvidar que entre tú y la grabación existe una máquina.

Ahora viene la difícil.

Si tuvieras que construir hoy tu sistema completo siguiendo una sola de estas cuatro escuelas, ¿con cuál te quedarías?

EL SINTONIZADOR MÁS PERFECTO JAMÁS FABRICADO... QUEBRÓ A LA EMPRESA QUE LO CREÓSaul Marantz nunca estudió ingeniería. De...
27/08/2026

EL SINTONIZADOR MÁS PERFECTO JAMÁS FABRICADO... QUEBRÓ A LA EMPRESA QUE LO CREÓ

Saul Marantz nunca estudió ingeniería. Dejó la escuela después de octavo grado por dificultades económicas familiares — su formación real fue en diseño gráfico e ilustración. Lo que sí tenía era una obsesión física con la fidelidad del sonido: guitarrista clásico, amigo personal del legendario Andrés Segovia, y un hombre incapaz de tolerar la mediocridad sonora.

En 1964, junto al ingeniero de radio Richard Sequerra, lanzó el **Marantz Model 10** — un sintonizador FM tan preciso que incluía su propio osciloscopio integrado para afinar la señal con exactitud milimétrica. La crítica de la época lo llamó, sin exagerar, el mejor sintonizador jamás construido.

Pero la perfección tenía un precio que ni siquiera el mercado más exigente podía sostener. Era ruinosamente caro de fabricar. Incluso subiendo el precio a **750 dólares** —una fortuna en 1964— Marantz perdía dinero en cada unidad vendida. Su obsesión por la perfección había creado una obra maestra que ninguna estrategia comercial podía sostener, y ese mismo año se vio obligado a vender su propia empresa por 3 millones de dólares.

Y aquí está el giro que redime toda la historia: años después, ya retirado, Marantz descubrió a un ingeniero con una obsesión similar a la suya — Jon Dahlquist, quien había trabajado en el módulo lunar de la NASA y ahora quería construir la bocina perfecta. En 1972 co-fundó Dahlquist Company solo para ayudarlo a lograrlo.

Saul Marantz nunca dejó de perseguir la perfección, incluso después de perder su propia empresa por perseguirla demasiado en primer lugar.

ENCIENDES UN EQUIPO QUE TIENE MÁS AÑOS QUE TÚ, Y LA PANTALLA SIGUE VIVA.Presionas power. La pantalla responde de inmedia...
26/08/2026

ENCIENDES UN EQUIPO QUE TIENE MÁS AÑOS QUE TÚ, Y LA PANTALLA SIGUE VIVA.

Presionas power. La pantalla responde de inmediato — verde, nítida, sin parpadeo, sin píxeles mu***os, sin esa opacidad que le sale a cualquier LCD después de un par de años bajo el sol. Dice "CD TRACK 05 2:18" con la misma claridad que el día que salió de fábrica, hace más de tres décadas.

No es magia. Es una tecnología que casi nadie recuerda por nombre: VFD, pantalla fluorescente al vacío. No usa retroiluminación que se degrade, no depende de capas orgánicas que pierdan brillo con el uso — el fósforo se excita directamente con electrones, dentro de un tubo al vacío, trabajando a bajas tensiones. Genera tan poco calor que el estrés térmico, el enemigo silencioso de cualquier pantalla moderna, casi no existe aquí.

Haz la cuenta: un equipo usado tres horas al día acumula apenas 1,095 horas al año. La mayoría de estos displays tiene menos de 20,000 horas reales de uso — muy por debajo de su vida útil real. No sobreviven por casualidad. Sobreviven porque así se diseñaron: sin atajos, sin fecha de caducidad programada.

No era solo audio. Era filosofía de ingeniería — construir para que durara, no para que se reemplazara.

CUANDO 100 WATTS PESABAN 20 KILOSHubo una época en la que comprar un amplificador potente tenía un pequeño problema: pri...
26/08/2026

CUANDO 100 WATTS PESABAN 20 KILOS

Hubo una época en la que comprar un amplificador potente tenía un pequeño problema: primero había que levantarlo.

Finales de los 70. Entras a una tienda de Hi-Fi, eliges un amplificador japonés de unos 100 watts por canal y el vendedor coloca frente a ti una caja sorprendentemente pesada.

La abres y entiendes por qué.

Debajo de aquella tapa metálica había un transformador enorme, capacitores del tamaño de pequeños vasos, disipadores de aluminio y una fuente de alimentación construida para convertir la corriente de la pared en algo que pudiera controlar unas bocinas sin desmoronarse cuando la música exigiera energía.

Aquellos kilos no estaban ahí para impresionar.

Los amplificadores lineales de alta potencia desperdiciaban parte de su energía en forma de calor. Los transistores necesitaban grandes disipadores. La fuente utilizaba transformadores de hierro y cobre pesados. Y almacenar suficiente energía requería capacitores considerables.

Por eso algunos monstruos de aquella época parecían más una pieza de maquinaria que un aparato doméstico.

Y entonces ocurrió algo curioso.

Durante décadas, el peso terminó convirtiéndose psicológicamente en sinónimo de calidad. Levantabas un amplificador y, si casi te arrancaba el brazo, parecía decirte: “aquí adentro hay algo serio”.

Pero la ingeniería tiene una pequeña trampa.

Un amplificador pesado no necesariamente es mejor.

Dos equipos pueden anunciar los mismos 100 watts y comportarse de manera muy diferente dependiendo de su fuente de alimentación, capacidad de corriente, impedancia de trabajo, distorsión y diseño de la etapa de salida.

Y la tecnología también cambió. Hoy existen amplificadores Clase D capaces de entregar potencias enormes desde cajas que habrían parecido ridículamente pequeñas en 1978.

Así que aquellos 20 kilos sí contaban una historia.

No necesariamente la historia de un sonido mejor.

Contaban la historia de cuánto hierro, cobre, aluminio y calor necesitaba la tecnología de aquella época para conseguir esos 100 watts.

Ahora viene la pregunta peligrosa para los amantes del Hi-Fi:

Si ambos entregaran realmente la misma potencia y prestaciones… te quedarías con el monstruo de 20 kilos o con uno moderno de 3?

26/08/2026

Cuatro monstruos de la ecualización.
Cuatro formas muy distintas de dominar el sonido. Technics, Pioneer, Sansui y Kenwood frente a frente. Algunos son pura precisión; otros parecen laboratorios de audio de otra época. Mira los cuatro antes de decidir: con cuál te quedarías?

26/08/2026

Durante años, personas se sentaron sobre un secreto sin saberlo. Dentro de aquellos sillones había discos escondidos… y el hombre que los puso ahí terminaría siendo famoso. La historia es increíble.

NEIL YOUNG RECAUDÓ MILLONES PARA DEMOSTRAR QUE NOS HABÍAMOS ACOSTUMBRADO A ESCUCHAR PEORNeil Young llevaba años peleando...
26/08/2026

NEIL YOUNG RECAUDÓ MILLONES PARA DEMOSTRAR QUE NOS HABÍAMOS ACOSTUMBRADO A ESCUCHAR PEOR

Neil Young llevaba años peleando contra algo que para millones de personas ya era completamente normal: sacrificar calidad de sonido a cambio de comodidad.

El MP3 había conquistado el mundo. La música cabía en el bolsillo, se descargaba rápido y podías llevar miles de canciones contigo.

Pero Young escuchaba otra cosa: todo lo que se estaba perdiendo por el camino.

Y en 2014 decidió poner dinero, reputación y nombre detrás de esa obsesión.

Creó Pono, un reproductor portátil imposible de confundir con cualquier otro. Era amarillo, tenía forma de prisma triangular y estaba diseñado alrededor de una idea muy sencilla: si existían grabaciones con mucha más información, ¿por qué conformarnos con escuchar versiones reducidas?

Pono apostó por archivos lossless y audio de alta resolución, con soporte de hasta 24 bits/192 kHz, en plena era dominada por el MP3 y el streaming.

Parecía una obsesión para unos cuantos audiófilos.

Hasta que ocurrió algo inesperado.

La campaña de Pono en Kickstarter recaudó más de 6.2 millones de dólares. Elton John, Bruce Springsteen, Tom Petty y Jack White estuvieron entre los músicos que aparecieron respaldando públicamente el proyecto.

Había miles de personas dispuestas a pagar por la promesa de escuchar más.

Pero tener razón sobre una inquietud no garantiza tener un producto ganador.

Pono terminó desapareciendo. El mercado se estaba moviendo hacia el teléfono y el streaming, y mantener un reproductor dedicado junto con todo un ecosistema musical era una batalla muchísimo más difícil.

Sin embargo, aquí está la ironía.

Años después, el audio lossless terminó llegando a servicios de streaming masivos.

Eso no significa que Pono haya provocado ese cambio. Pero sí demuestra que aquella discusión sobre cuánto sonido estábamos sacrificando por conveniencia estaba lejos de ser absurda.

Pono fracasó como producto.

La idea de que podíamos escuchar mejor, no.

Y ahora viene la pregunta incómoda: si hoy tienes acceso a música lossless, ¿realmente la escuchas… o seguimos eligiendo comodidad?

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