15/05/2026
Hoy en les presentamos coprolitos 💩 y otras sorpresas descubiertas en Coahuila 🇲🇽
La vida en el pasado no solo se reconstruye a partir de huesos y huellas. A veces, los fósiles más inesperados pueden revelar detalles sorprendentes sobre los ecosistemas antiguos. Ese es el caso de los bromalitos, un grupo de fósiles que incluye excrementos fosilizados (coprolitos) y otros restos asociados a la alimentación y digestión de organismos extintos. Un reciente estudio realizado en la colección paleontológica de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila analizó 252 bromalitos provenientes de la Cerro del Pueblo Formation, una formación geológica del Cretácico tardío con aproximadamente 72 millones de años de antigüedad.
El objetivo principal fue conocer no solo qué animales produjeron estos restos, sino también entender cómo vivían, qué comían y qué procesos ocurrieron desde que fueron depositados hasta convertirse en fósiles. Los resultados permitieron identificar 18 morfotipos distintos, es decir, formas diferentes de bromalitos, agrupados en categorías como cilíndricos, espirales, sinuosos y estriados. Gracias a comparaciones anatómicas y análisis estadísticos, los investigadores propusieron posibles productores para cada tipo, entre ellos peces óseos, tiburones y rayas, cocodrilos, tortugas, anfibios, reptiles y dinosaurios terópodos.
Algunos ejemplares conservaron inclusiones microscópicas y macroscópicas, como fragmentos de hueso y restos vegetales. Estos hallazgos son especialmente importantes porque ofrecen evidencia directa de interacciones ecológicas ocurridas hace millones de años. Por ejemplo, los fragmentos óseos indican relaciones depredador-presa, mientras que los restos vegetales reflejan hábitos herbívoros. Además, ciertas marcas de bioerosión sugieren que algunos organismos se alimentaban de excremento, un comportamiento conocido como coprofagia, lo que revela la existencia de cadenas tróficas más complejas de lo que se pensaba.
El estudio también identificó por primera vez en el norte de México los icnogéneros Alococopros, Eucopros y Struocopros, tipos de coprolitos previamente conocidos en otras regiones del mundo. Incluso uno de los morfotipos podría representar el primer regurgitalito registrado en esta unidad geológica, es decir, un fósil formado por material vomitado por un animal.
Las características de preservación de los bromalitos muestran que algunos quedaron enterrados rápidamente, mientras que otros permanecieron expuestos durante cierto tiempo antes de fosilizarse. Las coloraciones oxidadas, la fragmentación y otras alteraciones indican que fueron depositados en ambientes de planicie de inundación y zonas deltaicas, bajo un clima tropical y húmedo sujeto a inundaciones periódicas.
Más allá de lo curioso que puedan parecer estos fósiles, los bromalitos son auténticas cápsulas del tiempo. Gracias a ellos, hoy es posible reconstruir redes alimenticias, comportamientos y ambientes que existieron en Coahuila al final de la era de los dinosaurios, revelando un ecosistema diverso y dinámico donde convivían organismos marinos y terrestres en antiguos paisajes costeros.
Mungarro-González, P. E., Serrano-Brañas, C. I., Espinosa-Chávez, B., Peñalba, M. C., Espinoza-Encinas, I. R., & Varela-Romero, A. (2026). Exploring the paleoecology and taphonomy of upper cretaceous bromalites from the cerro del pueblo formation, Northern Mexico. Ichnos, 1–25.