18/07/2026
Me encanta que el examen de la UNAM sea online y estén haciendo trampa. Y no por la trampa, si no por lo que simboliza.
Es una rebelión disfuncional contra un sistema de selección que es inherentemente injusto y excluyente.
Más allá del debate moral sobre la honestidad académica, el verdadero fondo del asunto es más profundo.
Llevamos décadas aceptando la narrativa de que el examen de admisión es un filtro justo donde "entran los mejores". Pero la realidad es otra, ese examen NO mide el talento ni las ganas de superarse, mide el capital socioeconómico.
Mide quién pudo pagar un curso de preparación caro, quién tiene el tiempo para estudiar sin tener que trabajar, o quién cuenta con una red de apoyo en casa. Cuando las reglas del juego están sesgadas desde el principio para dejar fuera a la gran mayoría a través de una escasez artificial de cupos, la trampa se convierte en una respuesta (quizá disfuncional, pero lógica) ante un sistema que ya te sentenció a quedar fuera.
Que este examen online sea tan vulnerable solo demuestra que el método de evaluación está obsoleto. Las instituciones quieren seguir midiendo el conocimiento del siglo XXI con técnicas de memorización del siglo XIX. Si el filtro de entrada a la universidad más importante del país se puede "hackear" tan fácilmente, el problema no es del que hace la trampa, sino de la fragilidad de un formato que reduce el futuro de miles de jóvenes a rellenar al azar una hoja de respuestas. La trampa le quita la máscara al examen y demuestra que no evalúa el potencial de nadie para ser un gran profesional.
Al final del día, la educación superior debería ser un derecho universal y garantizado, no un privilegio para unos cuantos jóvenes. Ver cómo se vulnera este proceso no es celebrar la corrupción, es celebrar que, por fin, se evidencia lo absurdo y desigual que es el filtro de entrada.
YNIMODERRIMO PAPER LA MÁS.