07/01/2026
Van seis días y no has tomado la decisión.
Ya tómala, crack.
Renuncia alv.
Pero no renuncies para huir.
Renuncia para construir.
Renuncia para iniciar ese proyecto que llevas meses —o años— pateando.
Ese negocio.
Ese emprendimiento que sí te ilusiona.
Eso que piensas todo el tiempo, pero nunca ejecutas.
¿Lo peor que puede pasar?
¿Que no funcione?
¿Y luego qué?
¿Te mueres?
¿Te quedas en la calle?
¿Se acaba el mundo?
No mames.
Si falla, regresas al mismo sector.
Tienes experiencia.
Tienes conocimiento.
Consigues trabajo en chinga y listo.
“Es que me va a costar que me contraten…”
Entonces vendes tacos.
¿Y?
¿Te da vergüenza que un licenciado venda tacos?
¿Vergüenza?
Vergüenza es vivir frustrado.
Vergüenza es no intentarlo.
Vergüenza es llegar a viejo odiando tus decisiones.
Ganar 20 mil pesos vendiendo tacos no da vergüenza.
Ser cobarde, sí.
Ahora imagina que sí funciona.
Que lanzas ese proyecto.
Que ajustas, fallas, corriges… y sigues.
Que un día despiertas y ya no dependes de nadie.
La mayoría no renuncia.
La mayoría se queda donde está, criticando a los que sí se atrevieron.
La mayoría prefiere seguridad falsa antes que libertad real.
No seas mayoría.
No renuncies para escapar.
Renuncia para construir.
Y ahora dime, crack:
¿qué es lo peor que podría pasar?