24/02/2026
Historias Eternas
21 de febrero a las 5:09 a. m.
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Adolfo López Mateos: Le Quitó la Electricidad a los Gringos — y Kennedy lo Vigiló como Enemigo
27 de septiembre de 1960, 9 de la noche. Oficinas centrales de Mexican Light and Power Company, Avenida Juárez, Ciudad de México. El teléfono suena. Un ejecutivo estadounidense llamado Robert Mitchell levanta la bocina, escucha 10 segundos. Cuelga, su cara está pálida. Grita a los empleados en inglés. Evacuación inmediata.
El gobierno acaba de anunciar la expropiación. Tenemos 2 horas. Los empleados se quedan paralizados. 30 años de operación, miles de clientes, 130 millones de dólares en activos. Y alguien acaba de decir que ya no son suyos. Mitchell no espera preguntas. Abre el archivo de contratos confidenciales. Empieza a arrancar páginas, las arroja a la papelera, prende un fósforo, el fuego crece.
Otro ejecutivo vacía la caja fuerte. documentos financieros, cuentas secretas, en reportes que nunca enviaron al gobierno mexicano, todo al fuego. Afuera, en las calles, la gente empieza a reunirse. Alguien escuchó la noticia en la radio. La luz es nuestra. México acaba de recuperar la electricidad. Dentro de las oficinas, Mitchell observa como 30 años de historia corporativa se convierten en cenizas.
Agarra el teléfono, llama a la embajada estadounidense, exige que Washington intervenga ahora, mientras esto ocurre, a 3 km de distancia. Palacio Nacional, 11 de la noche. Adolfo López Mateos firma el decreto de nacionalización, 32 páginas de términos legales que tardarán años en resolverse en tribunales internacionales.
Con esa firma, Mexican Light and Power Company pierde todo. American and Foreign Power Company también. 70 millones de dólares más. Instalaciones, contratos, plantas generadoras en Necaxa, Puebla, torres de alta tensión que cruzan el Valle de México. 200 millones de dólares en total arrebatados a compañías estadounidenses, sin negociación previa, sin consulta a Washington, en plena guerra fría.
López Mateos cierra la pluma fuente, la coloca sobre el escritorio, mira a sus ministros. Nadie habla, todos saben lo que acaba de pasar. México acaba de hacer algo que ningún presidente se atrevió a hacer desde Lázaro Cárdenas en 1938. Quitarle algo a los gr**gos. Afuera el Zócalo explota. 50,000 personas llenan la plaza.
Banderas mexicanas, antorchas, consignas coreadas al unísono. La luz es nuestra. La luz es de México, padres cargando a sus hijos en los hombros, ancianos llorando, jóvenes gritando hasta quedar afónicos, porque para ellos o no, esto no es solo electricidad, es dignidad, es soberanía. Es demostrarle al mundo que México no está en venta. López Mateos sale al balcón presidencial.
La multitud ruge cuando lo ve. Él levanta la mano. El silencio tarda 30 segundos en llegar. Mexicanos, esta noche hemos dado un paso definitivo. La industria eléctrica ya no pertenece a compañías extranjeras, pertenece a la nación, a ustedes, a sus hijos, a las generaciones que vienen. La plaza explota otra vez. Gritos, sombreros lanzados al aire, abrazo entre desconocidos.
Pero a 6,000 km de distancia en Washington, alguien no está celebrando. Embajada de Estados Unidos en Ciudad de México, 11:30 de la noche. El embajador Thomas Clifton Man redacta un cable urgente, prioridad máxima. Destinatario: Departamento de Estado, Casa Blanca. Agencia Central de Inteligencia. México ha expropiado todas las propiedades eléctricas estadounidenses sin compensación inmediata. 200 millones de dólares.
López Mateos actuó unilateralmente. Situación crítica. El cable viaja por líneas diplomáticas cifradas. Cruza la frontera, llega a Washington mientras la costa este duerme. Pero hay gente que no duerme, gente que lleva 2 años vigilando cada movimiento de Adolfo López Mateos. Allen Welsh Dules, director de la Agencia Central de Inteligencia.
El hombre que derrocó gobiernos en Guatemala e Irán, el hermano del secretario de Estado, el arquitecto de operaciones secretas en todo el mundo. Dules tiene un archivo sobre López Mateos, grueso, detallado. Porque México no es un país cualquiera. México comparte 3,000 km de frontera con Estados Unidos.
Y si México cae al comunismo, la Guerra Fría se pierde en el continente americano. Dules lee el cable, abre el archivo, repasa lo que la CIA sabe. López Mateos declaró públicamente que su gobierno es de extrema izquierda dentro de la Constitución. Se reunió con Fidel Castro en septiembre pasado. Votó contra sanciones a Cuba en la Organización de Estados Americanos.
mantiene relaciones con la Unión Soviética, reparte tierras a campesinos, apoya sindicatos y ahora expropia propiedades estadounidenses. Exactamente el patrón que siguió Fidel Castro en Cuba antes de declararse comunista abiertamente. Dules toma una decisión, va a ir personalmente a México, va a sentarse frente a López Mateos y le va a dejar algo muy claro.
Hay consecuencias para presidentes que tocan propiedades americanas. Lo que ninguno de ellos sabe todavía es que en 4 meses 100 hombres entrenados por la CIA invadirán Cuba en bahía de cochinos. Una operación que fracasará, que humillará a John Kennedy, pero que enviará un mensaje brutal a toda América Latina.
Esto es lo que les pasa a los gobiernos que desafían a Washington. Esta es la historia del presidente mexicano que le arrebató la electricidad a los gr**gos en plena Guerra Fría, de como Adolfo López Mateos nacionalizó 200 millones de dólares en activos mientras Estados Unidos decidía si debía tratarlo como aliado o como enemigo, de cómo el jefe de espías de Kennedy llegó a Los Pinos con una pi***la de regalo y una advertencia, y de cómo México caminó en la cuerda floja entre la soberanía y la supervivencia.
durante los años más peligrosos del siglo XX. Pero para entender por qué López Mateos está dispuesto a arriesgarlo todo, hay que volver atrás. No mucho, solo lo suficiente. 26 de mayo de 1910, Atizapán de Zaragoza, Estado de México. Nace Adolfo López Mateos, familia de clase media. No son ricos, no son pobres.
Su padre, Mariano Gerardo López, es dentista. Su madre Elena Mateos, maestra rural, tienen suficiente para comer, pero no mucho más. Adolfo crece viendo dos Méxicos diferentes, el México de los ascendados, hombres con trajes europeos, automóviles importados, casas con electricidad privada generada por plantas propias, porque las compañías eléctricas solo dan servicio a quien puede pagar y cobran caro.
Y el México de los campesinos, sin luz, sin agua corriente, trabajando de sol a sol por centavos. Adolfo tiene 13 años cuando ve algo que lo marca. 1923, un trabajador eléctrico muere electrocutado en Atizapán. Estaba reparando cables de alta tensión para Mexican Light and Power Company. Sin equipo de seguridad, sin entrenamiento adecuado.
La compañía le pagaba 3 pesos al día. Cuando su viuda va a pedir compensación, le dicen que no hay nada. El trabajador firmó un contrato asumiendo todos los riesgos. La compañía no debe nada. Adolfo ve a la viuda salir llorando. Lleva dos niños de la mano. No tiene con qué alimentarlos. Su esposo murió haciendo rico a un gr**go y ella no recibe ni un centavo.
Ese día López Mateos entiende algo que nunca olvidará. Las compañías extranjeras no ven a los mexicanos como personas, los ven como recursos, igual que el carbón que queman o el agua que usan para generar electricidad. 1929. López Mateos tiene 19 años. Estudia derecho en el Instituto Científico y Literario de Toluca.
lee a Marx, a Engels, a los pensadores socialistas que hablan de justicia para trabajadores, pero también lee la Constitución mexicana de 1917 y descubre algo fascinante. México ya tiene las leyes más avanzadas del mundo para proteger trabajadores. Jornadas de 8 horas, salario mínimo, derecho a huelga, reparto de utilidades.
Todo está en el artículo 123. El problema no son las leyes, el problema es que nadie las aplica. Las compañías extranjeras ignoran la Constitución y los gobiernos mexicanos miran hacia otro lado porque necesitan la inversión extranjera, porque tienen miedo de enfrentar a Estados Unidos. López Mateos decide algo.
Cuando tenga poder va a hacer que esas leyes se cumplan, cueste lo que cueste. 1941. López Mateos tiene 31 años, es senador, joven, ambicioso, pero todavía sin poder real. 1946, lo nombran secretario de trabajo. Ahí es donde todo cambia. Como secretario de trabajo, López Mateos ve contratos laborales de todas las industrias, minería, petróleo, textiles, electricidad y descubre algo escandaloso.
Las compañías eléctricas extranjeras pagan a trabajadores mexicanos cinco veces menos que a trabajadores estadounidenses haciendo el mismo trabajo. Un técnico mexicano gana 20 pesos al día. Un técnico gr**go gana $100 por el mismo trabajo, en el mismo lugar. López Mateos intenta obligar a las compañías a pagar igual. Las compañías se niegan.
Dicen que los trabajadores mexicanos no tienen la misma capacitación. López Mateos demuestra que sí la tienen. Las compañías entonces dicen que no pueden pagar más porque las tarifas eléctricas son reguladas por el gobierno. Es una mentira. López Mateos revisa sus libros contables. Mexican Light and Power Company genera ganancias del 40% anual.
Envían esas ganancias a Nueva York y Londres. Casi nada se reinvierte en México. Mientras tanto, millones de mexicanos no tienen electricidad porque las compañías solo instalan líneas donde hay gente que puede pagar. Las zonas rurales, las colonias pobres, los pueblos indígenas quedan en la oscuridad. López Mateos hace un cálculo.
Si el gobierno mexicano controlara la electricidad o podría electrificar todo el país en 10 años, podría dar servicio a precio justo. Podría usar las ganancias para construir escuelas y hospitales, pero primero necesita ser presidente. Primero de diciembre de 1958. López Mateos toma posesión como presidente de México. Tiene 48 años.
Cabello completamente blanco, aunque es joven. Sonrisa carismática, elegante. Políglota. Habla inglés perfecto. Francés aceptable. Washington piensa que será fácil de manejar. Un presidente moderno, educado, pro occidental. Error fatal. Porque López Mateos lleva 30 años esperando este momento.
30 años desde que vio a esa viuda salir llorando de las oficinas de Mexican Light and Power y ahora tiene el poder para hacer algo al respecto. Va a nacionalizar la electricidad, va a quitársela a los gr**gos. Y si Washington se enoja, que se enoje. Porque hay algo más importante que la amistad con Estados Unidos, la dignidad de México.
1959, un año después de asumir la presidencia, López Mateos convoca reunión secreta en Los Pinos. Asisten tres hombres: Antonio Ortiz Mena, secretario de Hacienda. Eduardo Bustamante, director de la Comisión Federal de Electricidad y Donato Miranda Fonseca, especialista en derecho internacional.
López Mateos cierra la puerta, les dice algo que los deja helados. Vamos a nacionalizar la industria eléctrica. Necesito que me digan cómo hacerlo sin que Estados Unidos nos invada. Silencio incómodo. Los tres hombres se miran. Ortiz Mena habla primero. Señor presidente, con todo respeto, es un suicidio político. Mexican Light and Power tiene el respaldo del gobierno estadounidense o American and Foreign Power también.
Si los expropiamos, Washington puede bloquear préstamos internacionales, congelar cuentas mexicanas, imponer sanciones comerciales. López Mateos escucha sin interrumpir. Bustamante agrega, "Además, no tenemos el dinero para compensarlos. Sus activos valen más de 200 millones de dólares. El presupuesto federal completo es de 4,000 millones de pesos. No alcanza.
" López Mateos sonríe. Eso lo hace parecer más peligroso. Por eso vamos a hacerlo inteligente. No vamos a expropiar como Cárdenas. Vamos a comprar a precio justo, según nuestros cálculos. Si ellos dicen que vale más, que lo demuestren en tribunales. Pero mientras tanto, la electricidad pasa a control mexicano.
Miranda Fonseca, el abogado, saca papeles. Artículo 27 constitucional. La nación tiene derecho a regular el uso de recursos naturales. Electricidad es considerada servicio público estratégico. Legalmente podemos hacerlo. Pero, señor presidente, necesitamos apoyo popular masivo porque las compañías van a gritar al cielo, van a decir que somos comunistas, que violamos tratados internacionales, que estamos robando. López Mateos asiente.
Por eso voy a anunciarlo el 27 de septiembre. aniversario de la consumación de la independencia. Voy a enmarcarlo como segunda independencia. Recuperación de la soberanía nacional. El pueblo va a entenderlo y Washington va a tener que tragarse su coraje. Los siguientes 12 meses son de preparación meticulosa.
La Comisión Federal de Electricidad, creada en 1937 por Cárdenas, empieza a comprar plantas generadoras pequeñas. le contrata ingenieros, entrena técnicos mexicanos, porque cuando llegue la expropiación, México tiene que demostrar que puede operar el sistema sin ayuda extranjera. Mientras tanto, López Mateos hace algo más.
Visita zonas rurales sin electricidad, pueblos indígenas, colonias pobres. Les promete que pronto tendrán luz, que la electricidad no será solo para ricos. Junio de 1960, 3 meses antes de la nacionalización, las compañías eléctricas empiezan a sospechar. Mexican Light and Power envía representantes a Los Pinos. Piden reunión con el presidente López Mateos los recibe.
Escucha sus quejas sobre regulaciones, sobre impuestos, sobre exigencias laborales. Los representantes sugieren que el gobierno debería ser más flexible, más amigable con la inversión extranjera, como en los viejos tiempos del porfiriato. López Mateos los mira fijamente. Caballeros, los viejos tiempos terminaron en 1910 y no van a regresar.
Los representantes salen molestos. Reportan a sus oficinas centrales en Nueva York. México está volviéndose hostil. Recomiendan reducir inversiones. Tal vez vender activos antes de que sea tarde, pero ya es tarde. Septiembre de 1960. López Mateos tiene todo listo. El decreto redactado. Los abogados preparados.
La Comisión Federal de Electricidad lista para tomar control. Las finanzas organizadas para ofrecer compensación. Solo falta una cosa, el momento correcto. 27 de septiembre, día de la independencia consumada. 139 años desde que México dejó de ser colonia española. López Mateos va a demostrarles que México tampoco es colonia económica de Estados Unidos.
A a las 9 de la noche, empleados del gobierno llegan a las oficinas de Mexican Light and Power. Entregan notificaciones oficiales, evacuación inmediata. Los activos ahora pertenecen a la nación mexicana. Los ejecutivos estadounidenses no pueden creerlo. Llaman a la embajada, exigen protección, exigen Washington intervenga.
Pero López Mateos ya firmó el decreto, ya está hecho. Ya no hay vuelta atrás. Y en el Zócalo, 50,000 mexicanos celebran como si hubieran ganado una guerra, porque en cierta forma la acaban de ganar. Si disfrutas investigaciones profundas sobre los presidentes que desafiaron el poder y cambiaron México, suscríbete al canal y activa las notificaciones.
Déjame en los comentarios qué presidente o momento histórico quieres que investigue después. Tu apoyo hace posible este trabajo documental. Pero lo que López Mateos no sabe es que en Washington alguien ya está planeando la respuesta y esa respuesta tiene nombre. Allen Welsh Dules, el hombre más peligroso de Estados Unidos.
28 de septiembre de 1960, 8 de la mañana. Langley, Virginia. Cuartel general de la Agencia Central de Inteligencia. Allen Welsh Dules convoca reunión de emergencia, sala de situación, mapas de América Latina cubren las paredes, fotos de líderes izquierdistas, Fidel Castro, Cheegevara y ahora una foto nueva.
Adolfo López Mateos. Entran seis analistas especialistas en México. Traen carpetas gruesas. Informes de 2 años de vigilancia porque la CIA lleva desde 1958 estudiando cada movimiento del presidente mexicano. Dules abre la reunión sin saludos. Caballeros, México acaba de expropiar 200 millones de dólares en activos estadounidenses.
Necesito saber si López Mateos es comunista y necesito saberlo ahora. Un analista llamado Philip Warren abre su carpeta, empieza a leer. Señor director, López Mateos declaró en 1960 que su gobierno es de extrema izquierda dentro de la Constitución. Se reunió con Fidel Castro en septiembre pasado. Votó contra la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos.
Mantiene relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. Distribuye tierras a campesinos. Apoya sindicatos radicales. Dules interrumpe, "Eso ya lo sé. Dime algo que no sepa." Warren pasa páginas, encuentra algo. En marzo de 1959, López Mateos reprimió brutalmente una huelga ferroviaria. Arrestó al líder sindical Demetrio Vallejo