07/08/2026
Imagina una semilla capaz de transformar lo que toca en más material como ella. Esa es, a grandes rasgos, la idea detrás de un strangelet.
Sería un fragmento hipotético formado por quarks: piezas diminutas que normalmente permanecen encerradas dentro de los protones y neutrones de cada átomo. En su versión más extrema, un strangelet podría absorber un núcleo cercano, reorganizar sus piezas y crecer como una bola de nieve.
Pero para que esa cadena comenzara tendrían que ocurrir cuatro cosas muy improbables. Primero, la materia extraña tendría que ser más estable que la materia común. Segundo, el fragmento tendría que sobrevivir sin desintegrarse. Tercero, una colisión tendría que conseguir fabricarlo. Y cuarto, necesitaría carga negativa para atraer núcleos positivos.
Este último punto funciona como dos imanes: las cargas opuestas se atraen, pero las iguales se repelen. Un strangelet positivo alejaría los núcleos y frenaría el proceso.
Además, la naturaleza lleva miles de millones de años produciendo colisiones cósmicas más energéticas que las terrestres. La Tierra, la Luna y las estrellas continúan intactas. Por eso Brookhaven y CERN concluyeron que los aceleradores no presentan este riesgo.