05/06/2026
Este robot no tiene un solo chip que decida cómo moverse. Quien da las órdenes es un hongo vivo conectado a sus motores.
Investigadores de la Universidad de Cornell y la Universidad de Florencia integraron el micelio de un hongo ostra rey (Pleurotus eryngii) en dos máquinas: una con patas blandas y otra con ruedas. El micelio —la red de filamentos que crece bajo el sombrero— produce descargas eléctricas rítmicas muy parecidas a los potenciales de acción de una neurona, aunque el organismo no tiene cerebro ni sistema nervioso.
El equipo diseñó una interfaz que lee esas señales en tiempo real, las aísla de la interferencia electromagnética y las traduce en comandos para los actuadores. Cuando iluminaban el cultivo con luz ultravioleta, el patrón de descargas cambiaba y el robot modificaba su forma de caminar al instante. El hongo percibía su entorno y el cuerpo mecánico respondía.
Lo que el experimento dejó abierto es por qué eligieron este hongo y no un cultivo de células animales, que durante años fue la apuesta evidente de la robótica biohíbrida.
Science Robotics | Mishra et al. — “Sensorimotor control of robots mediated by electrophysiological measurements of fungal mycelia” (2024).