26/05/2026
Necesitamos dejar de pensar el agua de lluvia como un problema que hay que sacar rápido de la ciudad.
Cuando impermeabilizamos todo, el agua corre, erosiona, arrastra contaminantes y termina saturando drenajes, quebradas y calles.
Pero cuando diseñamos con vegetación, suelo vivo, jardines de lluvia, techos verdes, zanjas de infiltración y superficies permeables, el paisaje vuelve a cumplir una función esencial: recibir, infiltrar, almacenar y regular el agua.
La arquitectura del futuro no solo debe construir edificios.
Debe diseñar territorios capaces de hidratarse.
Porque una ciudad que no infiltra agua, tarde o temprano la sufre.
Planificar en función de la infiltración del agua de lluvia no es un lujo ecológico: es infraestructura climática.
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